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A 16 días del primer cara a cara

El candidato oficialista toma las riendas: propone hora y lugar. La oposición lo acepta

06 ene 2017 / 00:02

Tardó 43 días. El candidato oficialista Lenín Moreno esquivó durante más de un mes aceptar un debate presidencial. Ayer, en un imprevisto cambio de rumbo, dio luz verde al encuentro, fijando la condición de llamar ‘conversatorio’ al debate y escogiendo el lugar para llevarlo a cabo. La oposición en pleno aceptó.

El debate, que será organizado por Diario El Comercio de Quito, se llevará a cabo el 22 de enero, en la capital, y de momento relega la iniciativa en marcha de la Cámara de Comercio de Guayaquil (CCG), fijada para el 25 de enero, a la que la campaña de Moreno no ha aceptado acudir. La CCG, sin embargo, mantiene ininterrumpidos sus planes de celebrar el encuentro que será moderado por Estéfani Espín.

La propuesta de Moreno significará el regreso de un candidato al frente de las encuestas a un escenario de diálogo electoral. El oficialismo ha permanecido 10 años fuera de estos espacios, luego de que Rafael Correa tuviera su debut y despedida en 2006, antes de llegar a Carondelet.

Ha causado sorpresa. La importancia de un debate con presencia de Moreno se dejó ver a inicios de noviembre, cuando Guillermo Lasso (CREO) saltó el protocolo político para invitarlo a un debate cara a cara, que el exvicepresidente declinó tildando al opositor de tener una “actitud matonil”.

No sería una postura que podría mantener en el tiempo. Cynthia Viteri (PSC) cuestionó la capacidad de “un candidato con jefe” para presentarse a un escenario que le parecería incómodo; Dalo Bucaram presionó repetidamente a Moreno para que asista al evento y “poder demostrar la información que hemos conseguido en Panamá” relacionada al candidato a la reelección y vicepresidente Jorge Glas; incluso Paco Moncayo (Izquierda Democrática), generalmente ajeno a la confrontación, inició su campaña diferenciándose de su tendencia al asegurar su “disposición para aceptar cualquier invitación a debatir. Nosotros a eso no le tenemos miedo”.

La presión parece haber surtido efecto. “Creo que no podía seguir diciéndose el candidato del diálogo si seguía retrasando el debate”, afirma uno de los integrantes de la facción CREO-SUMA, involucrado en un espacio que el equipo de campaña considera “clave para evidenciar la distancia entre ellos” y Lasso.

Al debate, sin embargo, Moreno llegará cargando un peso adicional: Jorge Glas. No solo Bucaram piensa apuntar la información que dice tener hacia allá. “Es claro que va a quedar arrinconado con Odebrecht, Petroecuador y todo lo que lleve la marca Glas”, asegura a este Diario uno de los candidatos de la campaña de Viteri. El socialcristianismo cree que su candidata pudo haber quedado en una situación similar (“dedicar más tiempo a defender a otros que a proponer”) si la única mujer entre los presidenciables no hubiera cortado a tiempo la alianza con Ramiro González, presidente de Avanza.

En la campaña de Moreno nadie parece tener una explicación concreta a la aceptación tardía. “Siempre se dijo dispuesto a conversar. No a debatir. Y eso es lo que ocurre”, dice uno de sus colaboradores, que descarta una participación de última hora como respuesta a la presión opositora o a una tendencia a la baja en las encuestas.

Faltan apenas 16 días para que se celebre la única cita que ha logrado confirmar la presencia de los ocho candidatos a Carondelet; un tiempo electoral que corre en paralelo a las denuncias de corrupción, que no paran; a las cifras económicas, que no varían; y a los indecisos, que se mantienen cercanos al 50 %. Para ellos será clave.

A LA CARTA