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Ecuador, a la espera de “escenarios extremos”

El presidente concede una entrevista centrado en la defensa económica Confía en un acuerdo entre los países de la OPEP

29 feb 2016 / 03:42

Cómodo. El presidente Rafael Correa terminó la entrevista con medios oficialistas y regionales sin despeinarse, tras sortear los temas más espinosos de la situación económica nacional: los atrasos en las obligaciones del Gobierno central con los locales, la caída sostenida del precio del petróleo y los ingresos estatales, el uso por debajo de las posibilidades de los flamantes aeropuertos provinciales y, en lo político, sus reflexiones sobre la tensión Gobierno-militares retirados que, cree, “pone en peligro la democracia”.

Para todo ha habido respuesta, aunque no para todo hubo preguntas. Ante las críticas por los atrasos con los Gobiernos Autónomos Descentralizados, Correa volvió sobre el guion. Recordó que “los ingresos de los GADs se han triplicado” y que “nunca antes hubo atrasos”, un término que -por cierto- rechaza el alcalde Jaime Nebot, quien lo ha acusado de “apropiación indebida” de fondos. Sobre aquello, repara Correa, “¿cómo se puede retener lo que no se tiene?... Parece que (Nebot) es el único ecuatoriano que no se ha enterado” de la caída de ingresos petroleros, dijo. Y se limitó a ello. Pue no fue consultado por los fondos no transferidos por concepto de impuestos.

En este tono transcurrieron las casi dos horas de entrevista. Respuestas aclaratorias; preguntas con asentimientos. Un encuentro tan cómodo, que los sillones tenían almohadones por respaldar. Así el presidente pudo saltar sobre lo demás.

Por ejemplo, confesar que “ahorita no cubrimos los costos de producción” petrolera. Pero, a párrafo seguido, mostrarse esperanzado en un movimiento de última hora entre los exportadores petroleros para reajustar el precio “porque precios tan bajos no le convienen a nadie”. Sugirió que el acercamiento entre Rusia y Arabia Saudita representa “grandes indicios de que se va a llegar a un acuerdo”. Eso sí, la esperanza no es ciencia: “puede que nos equivoquemos”, admitió.

En política, no perdió oportunidad para cargar contra la más reciente adquisición de su confrontación: los militares en servicio pasivo, a quienes volvió a tildar como seres “que se creen por encima del presidente”, por no rendirle honores al “Comandante en Jefe”. De lo otro, del inicio de las tensiones con el denunciado sobrepago en los terrenos del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas, cerró filas con las declaraciones de su secretario jurídico e insistió en el concepto de “error de buena fe”. Y calificó de “tontería” decir lo contrario o ir a juicio por ello.

Corto de interrupciones, pero no de temas, el presidente se dio tiempo para enlistar sus críticas: a los chicos del Montúfar por la “victimización”, a las universidades cuyos recursos serán reasignados (la Flacso, de “grandes amigos” y la Andina, de “grandes enemigos”); y a los empresarios críticos por ser “alfiles de (Guillermo) Lasso”. Todo un “viejo país” al que vencer de nuevo “con Lenín Moreno y Jorge Glas”, quienes, por primera vez, aparecen sin cola en la lista de sus posibles sucesores.

Después de tanto, y advertido del contra reloj, el presidente no tenía intenciones de irse. Lucía cómodo. Tanto que les avisó a sus entrevistadores que se podía “quedar de largo”. Y así lo hizo. La entrevista se extendió 20 minutos más de lo estimado.

A LA CARTA