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El jugo de caña, bebida ancestral y medicinal

Esmeraldeño vende el producto en el suburbio porteño desde hace 19 años. Asegura que tiene cualidades curativas.

30 nov 2016 / 00:00

Con alegría inusitada e invitando a bailar a cada muchacha agraciada que pasa por su local, atiende su negocio de jugos de caña Abercio Cuero Mosquera, de 74 años y oriundo de Borbón, al norte de la Provincia Verde.

Se dedica a esta labor desde hace casi dos décadas, en un pequeño local de uno por cuatro metros ubicado en las calles Portete y la 40.

Con este negocio mantiene su hogar, reside en la Isla Trinitaria, sector del segundo puente, tiene 5 hijos, todos mayores de edad.

Vino a Guayaquil hace 42 años, al llegar se desempeñó como guardia de seguridad, pero en cumplimiento de su labor sufrió el ataque de delincuentes, le dispararon en una de sus piernas dejándolo imposibilitado para caminar con normalidad.

Don Abercio promociona su producto ante quienes se acercan a su local como un refresco y energizante natural. Vende jugo de caña dulce y agria para los diabéticos, pues según él esta última combate la enfermedad y ayuda a bajar de peso. Asegura que su buena salud se debe al consumo de esta bebida, incluso le atribuye a su ingesta su buen humor y estado de ánimo.

Viaja cada semana a la provincia de El Oro donde su proveedor, cuando no puede hacerlo recurre a un vendedor que trae la caña de la provincia de Los Ríos. “Antes la caña se molía en los campos, utilizaban la fuerza de los bueyes, estos eran amarrados a los molinos de madera para exprimir la caña, ahora se utilizan exprimidoras eléctricas (trapiche) que extraen hasta la ultima gota de jugo dulce”, comenta mientras atiende a un cliente.

El vaso de jugo lo vende a un dólar, las botellas de guarapo (concentrado fermentado) a 5 dólares, con este líquido añejado se prepara el aguardiente de caña. Además, la botella pequeña de caña agria cuesta 5 dólares por lo difícil que es conseguirla, es considerada como una medicina natural especial para combatir la diabetes.

Otro vendedor de jugos es Santiago Gómez Castro, oriundo de Jipijapa, ofrece los jugos de caña en la 25 y la G, suroeste de la urbe.

Cuenta que su padre, llamado Lorenzo, de 90 años, aún administra su hacienda, siempre con machete en mano. “Mi abuelo vivió 108 años producto de la buena alimentación y las propiedades de la caña. La hacienda familiar produce caña, plátano y café, entre otros cultivos”, cuenta Gómez.

En la calle “los que se acercan a pedir este jugo lo hacen más por su fibra, además es un remedio para la gastritis, las llagas y muchos otros males, claro que la sanación es un proceso, no es de tomar una vez, sino por costumbre, de esta forma se obtienen los resultados” concluye. (F)

En la calle

El jugo de caña, bebida ancestral y medicinal

En una vereda atiende a su clientela

Gómez trabaja desde hace 8 meses en la vereda, protegiéndose de los rayos solares con un parasol. Convencido de que con sus jugos colabora a una vida saludable, sus clientes lo respaldan en la creencia.

La materia prima viene de un recinto

Raúl Garófalo es un bolivarense dedicado a la venta de caña de azúcar desde hace 5 años.

Cuenta el productor que se percató de que esto podría ser su negocio cuando un juguero de Guayaquil le compró en su hacienda mil cañas. Averiguando se enteró que en el Puerto Principal necesitaban de su producto, vino a la ciudad y se contactó con una decena de jugueros, quienes tienen sus trapiches mecánicos para triturar la caña y desde entonces se convirtió en su proveedor, les entrega el producto los días martes o miércoles infaltablemente todas las semanas.

Tiene clientes que no utilizan la caña para jugos sino que elaboran cubitos que comercializan por las calles céntricas de la ciudad, entre ellas la avenida Quito y Colón.

Garófalo vive en el recinto Matilde Esther, parroquia Febres Cordero, ubicada entre la provincia del Guayas y Los Ríos.

A más de la caña, cultiva cacao y hortalizas que comercializa en Bucay. El cacao lo vende a comerciantes que en camiones lo traen a la ciudad. En el caso de la caña, él se moviliza a entregarla directamente a los jugueros.

A LA CARTA