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La seguridad aérea en manos de una mujer

La teniente Elizabeth Galarza es la primera comandante femenina del Aeropolicial Patrulla a Guayaquil desde el aire

06 mar 2016 / 01:30

La teniente Elizabeth Galarza, quien ahora está al mando de un ala rotatoria (helicóptero), había soñado desde niña en surcar los cielos y sentirse libre como las aves.

Aquella quimera de su infancia se hizo realidad años después y hasta con creces: se convirtió en la primera comandante de aeronave y es una de las tres mujeres pilotos de la Unidad Aeropolicial del Ecuador, entidad a la que pertenece desde el 2010. Tiene ya cuatro meses en su nuevo cargo.

Pero, ¿quién es Elizabeth Galarza sin su ‘headset’ y su helicóptero?

Creció en el sector Calderón, en Quito, y es la mayor de cuatro hermanos. No proviene de una familia de pilotos ni de uniformados, contesta, para luego abordar la nave y con júbilo cruzar la ciudad hecha miniatura desde el firmamento. “Desde que tenía uso de razón lo veía como una aspiración lejana (volar), pero nunca imaginé que algún día se haría realidad”.

Galarza vuela en uno de los diez helicópteros de la Policía Nacional, mientras efectúa su patrullaje en sectores vulnerables de Guayaquil, pero también se desplaza sobre Durán, Salitre, Salinas y Progreso.

Sus recorridos aéreos varían según la misión, sin excederse de las dos horas diarias.

De sus recorridos por las nubes recuerda una situación que la marcó, por ser la primera con grado de presión.

En noviembre de 2015, un colega recibió un impacto de bala en el pecho por resguardar la vida de un ciudadano. La situación evidentemente requería premura. Se tomó una hora volar la ruta Guayaquil-Quevedo-Guayaquil. Un recorrido de 164 kilómetros de ida, que vía terrestre tomaría cerca de tres horas.

En tierra, sus colegas de la base la admiran. Revisan la nave, mientras ella se coloca los guantes y demás accesorios.

“Realiza un buen trabajo. Supera las expectativas”, comenta Marcos Ríos, teniente coronel del Aeropolicial.

Galarza conoce su helicóptero como la palma de su mano. No solo vela por el medio de transporte. También cuida del bienestar y seguridad de sus pasajeros.

Se considera una mujer realizada, tanto en el plano familiar como profesional. Alcanzó sus sueños y sus padres se enorgullecen de eso.

Su día empieza a las seis de la mañana, con una rutina de ejercicios. Aunque el trabajo no lo es todo. El reencuentro con sus compañeros de la escuela marcó la huella de asombro.

“La mayoría cumplió sus sueños”, dice con satisfacción.

Constantemente se mantiene en contacto con su familia quiteña, a pesar de la distancia que los separa. Pero no oculta la emoción que le produce recordar su primer aniversario de bodas (28 de febrero).

A LA CARTA