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Emelec llora el adiós del más fiel

Giuseppe Cavanna no solo fue el fundador de la Boca del Pozo, el guayaquileño elevó a otro nivel el idilio entre el club y fanáticos

08 ene 2017 / 00:02

No se fue cualquiera. Giuseppe Cavanna, que ayer cumplía 63 años, es un símbolo de la familia azul y con su perpetuo descanso, logró la eternidad. Entre canciones, redobles y trompetas, familiares, amigos y barristas de Emelec, despidieron al fundador de la Boca del Pozo en su hogar: el George Capwell.

Cavanna daba su vida por Emelec. Es más, uno de sus deseos era ser velado en ‘La Caldera’. Nunca escondió su amor y pasión al club; ese sentimiento que no se compra con resultados. Convirtió a la fidelidad en la bandera de la hinchada del Bombillo.

El sentimiento en el Capwell era el mismo: “Cavanna nos enseñó a ser hinchas”. El cántico de “Giuseppe no se va” que se originó en el Capwell retumbó hasta el cielo. Él fue el pionero de las barras organizadas en el fútbol ecuatoriano. Todo inició en el cerro Santa Ana, allá por Las Peñas.

Cavanna, amante de la música, era profesor del Colegio Huancavilca. Allí era el formador de la banda de guerra de la institución. Los bombos, trompetas y redoblantes, clásicos en una orquesta escolar, fueron trasladados a un tablón.

El 25 de julio de 1980, Giuseppe Cavanna, en las faldas del cerro porteño fundó la Boca del Pozo y puso la primera piedra a un idilio inmortal entre un club de fútbol ecuatoriano y sus fanáticos, que llevaron el fanatismo a otro escalón, al aliento con canciones.

“No hay palabras que describan a mi padre. Fue un líder y como hincha único. Podía llover, pasar un tornado, pero él no olvidaba a Emelec. Contra Mushuc Runa -año pasado- íbamos perdiendo 0-2 y él estaba delicado de salud. Yo le decía ya vamos, pero él no quería dejar al club. Al tercer gol le valió m y celebró el gol con la gente, se abrazaba y lloraba. Nos enseñó lealtad a Emelec. Que no solo es un equipo de fútbol”, dijo su hijo, Giuseppe a EXPRESO.

Para muchos de los hinchas eléctricos, Cavanna le ha dado tanto al club como históricos dirigentes y jugadores.

“Está a la par de Neme, de Ponce, hasta del mismo Capwell. Él llevó el emelecismo a un alto nivel. Aquí llegaron fundadores de otras barras a pedirle consejos de cómo crear la suya. Amarillos y blancos”, comentó Rubén Vergara, mano derecha de Cavanna por algunos años en la Boca del Pozo.

Una cirrosis hepática terminó con su trabajo terrenal. Su creación, su legado, su ideología -que es la Boca del Pozo- permanecerán hasta la eternidad.

A LA CARTA