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La peligrosa falsificación

Decenas de hinchas fueron perjudicados por la venta de entradas falsas, pero a pocos se ha detenido por este delito.

01 dic 2016 / 00:00

La desesperación y el apuro por comprar boletos e ingresar al estadio es uno de los factores que más aprovechan los revendedores para distribuir boletos falsificados. Así lo confirmó a EXPRESO el coronel Fausto Buenaño, jefe del operativo del Clásico del Astillero.

Estas redes prefieren actuar en los partidos en los que se espera una gran afluencia de hinchas y así intentar pasar desapercibidos.

Según el oficial, estas personas están distribuidas alrededor de las explanadas de los estadios y cada vez que venden una entrada falsa se cambian de ubicación para que no los encuentren con facilidad.

A pesar de que el jefe policial reconoce que para falsificar una entrada se requiere de algunos equipos tecnológicos y materiales especiales, también menciona que estas personas logran ingeniárselas para ofrecer un tique muy parecido al original.

En los últimos seis meses, solo dos personas, que al parecer tendrían un vínculo familiar, han sido detenidas por expender boletos falsificados en la jurisdicción que Buenaño preside. Pero poco se habla del tema.

Ellos fueron aprehendidos la tarde del pasado domingo en los exteriores del estadio Monumental y como evidencia del delito se les decomisó 250 entradas para la general sur.

Los sujetos (un hombre y una mujer) fueron denunciados por un cliente que alegó haber sido estafado por uno de ellos. El falsificador le habría vendido dos entradas para la general, cada una a 30 dólares.

La transacción comercial se habría efectuado en medio del tumulto de miles de hinchas que, a pocas horas del partido, aún hacían largas filas para ingresar al escenario deportivo.

Una posible sobreventa de entradas, algunas de ellas falsificadas, sería la principal razón por la que hubo un exceso de espectadores dentro y fuera del estadio, donde también falleció una persona.

LAS ARTIMAÑAS

El ‘carrusel’

Una entrada puede ser utilizada más de una vez a través del ilegal ‘carrusel’, que es cuando se saca del estadio un boleto para venderlo nuevamente. Eso da lugar al exceso de gente en los graderíos.

Pasar sin entrada

Otra práctica que se presenta en algunas ocasiones antes de un cotejo de fútbol es que se permite el ingreso de personas sin boleto. Esto lo hacen dando dinero a la persona que controla la entrada.

El abuso del ‘portazo’

Si bien es tradicional permitir el ingreso gratuito de hinchas avanzado el segundo tiempo, a veces se lo hace con el estadio lleno.

EL MODUS OPERANDI DE LOS FALSIFICADORES

1. Actúan en partidos de alta demanda

Según el coronel Fausto Buenaño, jefe del operativo del Clásico del Astillero, los falsificadores ‘trabajan’ generalmente en partidos importantes, en los que se espera una gran afluencia de personas. En estos casos es más fácil que los clientes no se tomen el tiempo necesario para revisar las entradas que compran a los vendedores ambulantes.

2. Trabajan con los revendedores

En la mayoría de las ocasiones, los falsificadores se disfrazan de revendedores y se dispersan en los exteriores del escenario deportivo para evitar ser identificados. Otras veces utilizan a estos vendedores como cómplices para camuflar las entradas falsas entre las originales y así “quitarse la responsabilidad” de la venta de esos pases.

3. Son redes tecnológicas

El coronel Buenaño especificó que, aunque en lo que va del año solo han capturado a dos personas dentro de su jurisdicción, conocen que ellos no actúan solos. “Tiene que haber alguna organización... porque deben de tener todo el equipo tecnológico para hacer esto. No es fácil, pues deben ser muy parecidas a las originales”, dijo.

4. Cómplices en las puertas de acceso

La policía también ha identificado que algunos falsificadores tienen nexos con el personal que está encargado de solicitar las entradas a los hinchas. Los dejan ingresar y los que han comprado boletos originales pueden quedarse sin espacio. El agente mencionó que estos casos han disminuido porque las dirigencias ponen a gente más seria.

A LA CARTA