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Resignación en la carretera

Camiones y buses se arriesgan a cruzar por el río o toman vías alternas Por la calzada dañada pasan 3.500 transportes de carga al día Se construyó en 2012

27 feb 2016 / 00:10

Una hora más, una hora menos. Como quien oye llover, los pasajeros en la terminal terrestre de Guayaquil se resignan ante el problema de acceso que un enorme socavón de 30 metros ha provocado en la carretera que une la ciudad con Riobamba y la Sierra. Ante el problema toca coger vías alternas y esperar. No es la primera vez.

Por eso, nadie se queja, nadie hace reclamo ante las oficinas de las cooperativas de autobuses cuando les indican que el trayecto que normalmente toma cuatro horas, desde el miércoles toma seis y así será hasta que se conozca la fecha en la que la vía Balbanera-Pallatanga-Cumandá (inaugurada en 2012, tras 41 meses de obras y 61,9 millones de inversión) sea restablecida. Un dato que está en análisis de las autoridades.

Los transportes que estaban a tiempo de maniobrar se desviaron por Huigras-Alausí o por Guaranda, dependiendo del destino final. “La vía alterna está dañada. Se tardaría una hora más, pero eso yendo rápido. Con tantas piedras, son dos más”, comenta Fanny González, que vende billetes de la cooperativa Riobamba.

De acuerdo a sus cálculos, en un día normal vende 200 pasajes para Guayaquil-Riobamba; ayer la pantalla de la computadora solo mostraba 13 ventas, de 7,25 dólares cada una.

El precio del billete no subió ni bajó oficialmente para compensar por el cambio de trayecto por vías alternas. Aunque los pasajeros comentaban que una vez dentro del bus, debían abonar un dólar más por el rodeo.

Huigras supuso la alternativa para el trayecto salvo para aquellos transportes de pasajeros o mercancías que quedaron varados cerca del punto de quiebre de la carretera. El poco espacio no les permitía dar la vuelta y ayer, se arriesgaban a pasar por un acceso creado a través del río Chahuallaco, como se puede ver en los vídeos cedidos a EXPRESO.

La maniobra estaba escoltada por maquinaria pesada que movía grandes rocas para interrumpir la corriente. No obstante, el paso de vehículos se suspendió en la mañana por la crecida del caudal con lluvia.

Los pasajeros de los autobuses que no pudieron salvar la travesía se bajaban al pie del agujero y caminaban con sus pertenencias hasta el otro lado donde otro vehículo esperaba para dar la vuelta. Así cuenta el controlador del autobús de la cooperativa de transportes Patria Iván Caiza, de 28 años, que viajó de Riobamba a Guayaquil a las 4:30.

Los camiones de mercancías operaban como los transportes de pasajeros. Los que podían se daban la vuelta y tomaban alternativas. Los que no, intentaban pasar por el río. Según el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, que no pudo desocuparse para dar su versión a este Diario pese a la insistencia, por esa carretera pasan cada día 3.500 vehículos de carga. Los únicos que aprovecharon el problema fueron los comerciantes de las zonas aledañas que trasladaron sus puestos de comida ambulante y mejoraron sus cifras de venta, a costa de la resignación.

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