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El regateo que tiene en el atraso a Guayaquil

El no uso del taxímetro afecta la imagen del turismo. El gremio pide regular y actualizar las tarifas. La ATM prepara un censo

03 ene 2017 / 00:02

Si debe pactar el valor de la carrera antes de arrancar, si pese a tener encendido el taxímetro, el conductor le dice que “está dañado”, si alguna vez el taxista decida no llevarlo, porque no le gusta la dirección adonde va ni el precio que quiere pagar, entonces usted está en Guayaquil.

El empresario Iván Campaña ha estado en España, en Chile y en Estados Unidos. En un análisis comparativo con los servicios de fuera, lamenta que en Guayaquil se mantenga un círculo vicioso “que lo único que logra es proyectar una pésima imagen de la ciudad”.

El presidente de la Cámara de Turismo de Guayaquil, Holbach Muñetón, corrobora esta realidad. El hecho “afecta en 100 % la honorabilidad del turismo de la ciudad”.

“Hay casos en que una tarifa cuesta $ 3 hacia un lugar en un taxi y en otro está a $ 6, solo por no usar el taxímetro. No tener los precios fijos perjudica demasiado la impresión que de nosotros se llevan quienes nos visitan de fuera. Al turista le gustan las reglas claras”.

Pero no es solo el taxímetro. También la imagen de los conductores y los servicios que ofrece dentro del auto influyen. “Conducir con bermudas o tener el carro sucio es mal visto. El servicio debe ser integral”.

Es un mal de años. El gremio de taxistas argumenta que no utiliza el medidor de kilometraje -inventado por Gottlieb Daimler en 1897- porque no se ha actualizado la tarifa.

Prometen también que apenas se regulen los precios cumplirán el artículo 141 de la Ley Orgánica de Transporte y Seguridad Vial, que establece que el conductor de un taxi que no utilice el taxímetro, altere su funcionamiento o no lo exhiba será sancionado con una multa equivalente al 15 % de la remuneración básica unificada, 20 horas de trabajo comunitario y la reducción de 4,5 puntos en la licencia.

Hasta entonces, el mal será costumbre. Usuarios como Fabián Suárez confiesan que cuando le exigen al conductor que use el taxímetro, algunos lo han hecho bajar del auto. Otros prefieren llamar a cooperativas para un servicio puerta a puerta, ese sí, con taxímetro.

Natie López representa a otro grupo de pasajeros. Ella, en cambio, prefiere regatear a arriesgarse a la viveza de un conductor “que se demore a propósito para cobrar más”.

En Guayaquil hay unos doce mil taxistas y 138 cooperativas que dan ese servicio. A esa cifra se añaden al menos 15 mil autos piratas.

Se prepara un cambio radical

José Franco es usuario frecuente de taxis y dice que lo único que serviría para solucionar el dilema del no uso del taxímetro es la presión de la ATM. “Hoy ya se usa el cinturón, y no por seguridad, sino por las multas”, dice como ejemplo a la obediencia por miedo a sanciones.

De forma extraoficial, una fuente de esa entidad adelantó a EXPRESO que aunque no hay operativos para verificar el uso del taxímetro, actualmente se planifica un censo como el de los buses, para mejorar el servicio.

Se busca con esto transparentar el número de taxis, eliminar a los que hayan cumplido su vida útil y a los que tienen doble placa, así como los que portan logos de cooperativas y exceden las unidades permitidas.

En el cambio en el servicio de buses desaparecieron mil unidades, determinar cuántos taxis saldrán de las calles dependerá del censo.

Para un verdadero cambio, la usuaria Rosa Nivelo aconseja elaborar hojas de ruta para trabajar de forma sectorizada y tener una base de datos e información de todos, conductores y usuarios, para las carreras.

El regateo que tiene en el atraso a Guayaquil
George MeraPresidente / Unión de Taxistas del Guayas

“Deben actualizar el taxímetro”

1. ¿Qué tiene que hacer Guayaquil para al fin convertirse en una ciudad con taxímetro?

Solicitamos a las autoridades la reprogramación del taxímetro, que se ha mantenido con la misma tarifa desde 2003. Es imposible trabajar con taxímetro sin ese paso. La carrera mínima cuesta $ 1 con el sistema desactualizado. Sabemos que es ley, pero ese es el inconveniente.

2. ¿Se ha abordado el tema con las autoridades competentes?

Por supuesto, también le entregamos el proyecto a la Autoridad de Tránsito Municipal. Ese documento argumenta el alza en la tarifa de acuerdo a los gastos de repuestos y mantenimiento de los vehículos. Hasta este momento no hemos recibido respuesta. Ojalá lo hagan lo más pronto posible.

3. Es probable que la ATM cense y depure la lista de taxis en la ciudad.

Se amerita y se necesita. Será útil para brindar un mejor servicio a la ciudadanía. Es correcto, lo aceptamos; pero, asimismo, exigimos que cumplan con la regulación de la tarifa. El servicio se ha mejorado mucho, pero la piratería y la informalidad aún son males que nos perjudican.

Un conductor ejecutivo pretende revolucionar el servicio de taxis en la urbe

El regateo que tiene en el atraso a Guayaquil

El taxi ideal sí rueda en Guayaquil. Así lo cree Andrés Cárdenas, el conductor y dueño de un Tucson que ofrece servicio de transporte ejecutivo a través de una compañía de taxis puerta a puerta.

Tiene 31 años y ejerce el oficio hace doce. Esa experiencia le permitió determinar qué necesitaba para revolucionar y tener éxito como empresario del transporte privado. Lo hizo con base en las constantes quejas que escuchaba.

Piensa que el cliente necesita cuatro ítems esenciales: buena presentación, confort, puntualidad y excelente atención al cliente.

Andrés decidió someterse a sí mismo a una transformación ecléctica que lo lleve a la excelencia del trabajo que realiza.

Decidió dar el paso cuando se dio cuenta de que el concepto de ser taxista no gozaba de buena reputación. “La gente a la que le dices ‘soy taxista’ no siempre te ve con buenos ojos. Entonces me enfoqué en cambiar ese prejuicio. Trato de dar un plus, de que una carrera se convierta para el usuario en una experiencia inolvidable”.

Andrés jamás conduce a más de 60 kilómetros por hora y tiene el taxímetro a la vista del cliente, porque “la transparencia es importante”.

Pero hay más. Trabaja en terno. “Lo hago por la imagen, como te ven te tratan”, argumenta, aunque admite que hay clientes que piensan por su look que es abogado o que labora en algún despacho medio tiempo.

En su Tucson tiene sueltos a la mano, cuenta con todos los cargadores de móviles, wifi, tres pantallas donde proyecta televisión o vídeos y seis parlantes en los que suena música de todo tipo, que elige según el perfil del pasajero, al que -recalca- no dirige más palabras de las necesarias. “No subes a una carrera para hacer vida social con el conductor, subes a tener un momento contigo mismo, yo te lo ofrezco”.

Ahora está enfocado en hacer de su propuesta una iniciativa masiva dentro de la ciudad: “carros de lujo con choferes de lujo”. Ya empezó en la compañía, con su otro auto, a cuyos conductores dio charlas para mejorar la imagen. Ellos también son ahora taxistas 100 % ejecutivos.

A LA CARTA