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Extranjeros se visten de pasajeros

Quienes no son de aquí consideran que el taxi guayaquileño no es tan malo

08 ene 2017 / 00:02

Los consabidos males que aquejan al servicio de taxis amarillos en la ciudad, como no usar taxímetros o que el conductor decida no hacer la carrera a algún destino solo por el tráfico, pueden -quizás- no ser los peores con respecto a los que aquejan a otros países.

Para confirmarlo, extranjeros que visitaron o residen en Guayaquil se sientan como pasajeros en este recorrido y narran, desde su experiencia, cómo es el servicio de taxis en su país y en qué dista del que ofrece nuestra urbe.

Sube como primer ‘cliente’ Fernando Machado, el famoso trans venezolano que se embarazó de la también trans Diane Rodríguez. En su ciudad natal, Valencia, los autos encargados del servicio de transporte privado son todos informales. “Allí no hay taxis amarillos. Todos son piratas”, lo que hace al servicio “mucho más caro”.

“Una carrera de taxi en Valencia te puede costar desde un 20 % de tu sueldo hasta el 100 % y más de este. Acá las carreras son muy baratas. Y si son con taxímetro, mejor aún”.

El colombiano Víctor Díaz también se sube al ruedo. Una vez ajustado el cinturón de seguridad confiesa que en su ciudad natal, Bogotá, es “bastante malo” el servicio de taxis.

Allá no se negocia la carrera, es con taxímetro, pero ningún vehículo tiene cámara. “En comparación a Guayaquil, lo que tiene que ver con rutas y seguridad es mejor aquí. También en mantenimiento. Los automotores de Colombia dejan mucho que desear”.

En su experiencia personal, de cada 10 taxis que toma acá en Guayaquil, en donde vive desde hace años, casi ninguno tiene problema en ir a los diferentes sitios de destino. “Se mueven de la bahía hasta Durán, de la Alborada al Guasmo... adonde les pidas... Allá en Colombia es muy difícil que un taxi vaya de norte a sur o viceversa”, manifestó.

Un tercer pasajero llega desde el sur de América. Es el chileno Francisco Vidaurre. Él extraña lo formal de su país. “Hasta antes de la entrada de Uber y otros servicios digitales de taxis, el pastel se dividía en Chile entre los que andan en la calle y los radiotaxis (servicio puerta a puerta con llamada telefónica previa), que se identifican con color azul”.

Allá no hay regateo ni condiciones para llevar a cabo la carrera, aunque admite que los taxis de la calle a veces son cuestionados por engañar a turistas y no prender el taxímetro. “Pero la gran mayoría lo usa y te dan factura”.

En nuestra ciudad, Francisco se ha encontrado con joyas como “No, señor, a la Alborada no voy”, y siempre se preocupa de pagar con sueltos, “pues pagas con uno de 20 dólares y ‘te matan’, cuando su deber es tener monedas para poder dar cambio”.

En una especie de desahogo, recuerda que uno de los constantes males de Guayaquil es que te redondean el cobro. “Si te sale $ 3,43 en una carrera con taxímetro (sí habilitado en las cooperativas de taxis ejecutivos) y pagas con $ 5, te dan vuelto $ 1,50 y no lo que en realidad corresponde”.

Llega desde Perú Sylvia Zambrano, con varias quejas. Los taxis en Lima son muy desordenados. Hay demasiada piratería y “manejan como locos”. Pero no es todo, afirma ella, que vivió en Guayaquil más de dos décadas. “Te cobran lo que ellos desean. No hay una tarifa mínima y ni siquiera los que usan aplicaciones móviles son confiables, porque ha habido muchos robos registrados. En cada carrera, aunque son puntuales, te la juegas”.

Otro mundo, en cambio, es Madrid. Alan Silva, cómodo ya en su asiento, describe que el servicio de taxis en esa ciudad española es diez sobre diez. “En verano funcionan con acondicionadores y en invierno con calefacción. Y, por supuesto, todos usan taxímetro”.

Como último pasajero en este artículo aborda el italiano Guido Angiolini, esposo de la ecuatoriana Silvana Vergara. En su país los taxis no se toman en la calle. Hay un servicio de radiotaxi. Tienen parqueaderos en toda la ciudad y hacen turnos para atender a los clientes.

“Uno llama y el operador te manda el taxi a la dirección donde estás. Si el lugar adonde vas es corto, no llegas a $ 8, esto porque te cobran no desde que te recoge sino desde cuando el vehículo sale a buscarte”.

A este italiano le sorprendió en Guayaquil el regateo, recuerda su mujer. “Me dijo: ‘Pobres hombres, trabajan en tremendo sol, corren peligros y la gente le quiere bajar el precio a la carrera’”.

El recorrido ha terminado. Estas opiniones, aunque válidas, distan muchísimo de las que esta semana EXPRESO publicó sobre lo que piensa la ciudadanía acerca de la negación permanente al uso del taxímetro en Guayaquil y de cómo esta resistencia afecta al turismo.

El presidente de la Cámara de Turismo de Guayaquil, Holbach Muñetón, dijo que falta mucho por hacer. “Además de habilitar el taxímetro, es necesario cuidar la imagen de los conductores y, por supuesto, de los vehículos”.

Está previsto que este año se aliste una transformación para el servicio de taxis, como la que se hizo con los buses.

Los hoteleros le dicen no a los amarillos

Una tarea inconclusa. La Autoridad de Tránsito Municipal dispuso que los hoteles usen taxis amarillos para sus clientes, pero la iniciativa no tuvo éxito.

En un principio, el gremio se acogió a la resolución, pero luego de una evaluación se determinó que sencillamente es imposible.

Lo confiesa Holbach Muñetón, presidente de la Cámara de Turismo de Guayaquil. Él mismo intentó en su hotel con tres cooperativas diferentes. Ninguna sirvió.

“Si no tenían carros sucios, les faltaba aire acondicionado, ponían artículos colgantes, trabajaban en bermudas... No se puede ofrecer un servicio de calidad con esas condiciones”.

“La hotelería y el turismo son un negocio de servicio, no deben tener errores. Los taxistas amarillos, cuando estuvieron trabajando con nosotros, descuidaban sus vehículos. Teníamos que vigilarlos. Era una responsabilidad adicional por la que no ganábamos nada”.

La Cámara de Turismo le solicitó a la ATM que distinga a los taxis que funcionan en hoteles con otro color. Aún no se da respuesta.

Para lograr un servicio de calidad, hay ciertos parámetros que deben cumplirse.

Santiago Borja, gerente de Cabify, una plataforma tecnológica que conecta a los clientes con el conductor, explica que es necesario capacitar al taxista, evaluarlo, instarlo a mejorar su imagen y garantizarle al cliente un viaje seguro.

En cuanto a los autos, deben estar limpios, en buen estado, tener aire acondicionado y una tarifa regulada para todos.

A LA CARTA