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“Estamos cansados de que cada año nos pase lo mismo”

Las primeras lluvias inundan las calles y frenan las actividades. Los ciudadanos expresan su malestar por las molestias y pérdidas que vuelven de modo cíclico.

10 ene 2017 / 00:00

Con pantalones remangados y una pala. Con escobas, trapeadores, saquillos y lavacaras, decenas de guayaquileños sacaban agua de sus establecimientos, ayer.

Eran cerca de las 10:00 y una vez más (al igual que todos los años) habían sido víctimas de las primeras lluvias. El panorama se ha repetido, decían. “Con el aguacero, las calles se inundaron, el tráfico colapsó, los negocios se enlodaron y hasta la mercancía se mojó”.

La ciudad, según el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), había soportado, hasta las 08:00 de ayer, por nueve horas la precipitación. Resultado de ello, las tienditas de la esquina, minimarkets, cafeterías y talleres registraban poca afluencia de clientes.

“El agua se nos ha metido a los locales. Si la gente nos ve limpiando, mojados y con baldes, difícilmente van a entrar”, precisó Laura Benavides, propietaria de un restaurante en la ciudadela Martha de Roldós.

Ella, que tiene su local desde hace 9 años en el sector, asegura que la situación es la misma todos los años. “Realmente estoy cansada”, precisa, “cansada de que, a causa de las alcantarillas tapadas o problemas de drenaje, el agua se meta, los productos se dañen y hasta los electrodomésticos se quemen”.

En el 2014 Benavides tuvo que adquirir una nueva refrigeradora y microondas: las pérdidas fueron tremendas. Sobre todo porque en enero (o cualquier mes de lluvia,) en promedio, mis ventas bajan en un 20 %.

En otro sector de la ciudad, Luis Yánez, administrador de Mobiliaria Duchi, en la avenida Las Aguas (Urdesa), lucía igual de desanimado. Él, al igual que el propietario de un kiosco de venta de jugos, tostadas y bolones, removía el lodo que el agua dejó al secarse. Llevaba tres horas baldeando. Una brigada de Puerto Limpio, a cargo del servicio de limpieza de la urbe, lo acompañaba.

La lluvia había causado los mismos estragos, en uno de los carriles de la avenida, a lo largo de 300 metros. En los hogares, los desechos habían llegado a los baños y dormitorios”.

Armando Arteaga, propietario de un local, en ese momento inundado, y en alquiler, considera que Guayaquil no es una ciudad hecha para las lluvias. “Es bonita, es cosmopolita. Pero basta que reciba un poco de agua para que el negocio se paralice y se atrase todo”.

Los perjuicios que causan los estragos de las lluvias los conoce perfectamente Ramón Baque, quien trabaja desde hace cinco años en una lavadora y lubricadora de carro, ubicada en la avenida Roberto Serrano, cooperativa Los Laureles, Floresta 2, sur de la ciudad.

“La clientela disminuye notablemente debido a que la lluvia inunda las calles y veredas de la avenida. Estamos cerca de una alcantarilla que se tapa por la basura que muchas personas arrojan al paso. Los moradores del sector tratamos de tomar medidas, pero nuestro trabajo no es suficiente para impedir que el problema se produzca”, indica el empleado.

El negocio recibe cerca de 12 clientes al día, pero cuando hay lluvia solo acuden entre cuatro o cinco. “Muchos no vienen por temor a que su carro sufra algún desperfecto”, anota.

Junto a la lubricadora hay una ferretería que también ve reducida la venta de sus productos por la misma causa. “Este es el cuento de nunca acabar. Estamos cansados de que todos los años ocurra lo mismo”, dice Carla Chacón, dueña del local, mientras espera la llegada de algún cliente.

“Estamos cansados de que cada año nos pase lo mismo”

Un bus se volcó en un paso elevado

A las 04:45 de ayer y a causa de la vía mojada, un bus se viró en un tramo del paso elevado que conecta las vías Carlos Julio Arosemena con la Del Bombero. El vehículo obstaculizó la vía por varias horas. Fue retirado con 2 grúas cerca de las 11:00.

Una casa y 4 árboles se derrumbaron

Como resultado de la lluvia en la madrugada de ayer se registraron además otros incidentes. Una vivienda de caña, según reportó el ECU 911 Samborondón, colapsó en Bastión Popular. Un ficus (árbol) de más de 20 años, en cambio, se cayó en las calles Capitán Zaera y Cañar, al sur de la ciudad. Otros dos árboles se cayeron en la Alborada y uno también en la ciudadela El Cóndor. No se registraron heridos.

A LA CARTA