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“A Cuba le aguardan muchos tragos amargos todavía”

30 nov 2016 / 00:00

    Con sorpresa me enteré de la muerte del comandante. Poniendo de esta manera fin a una tiranía, pero enseguida vino a mi mente que solo se fue el artífice de la desolación de la isla y de tanto territorio que su maldita revolución tocó, con cualquier pretexto.

    Al mundo entero engañó mientras luchó en Sierra Maestra y luego victorioso entró en La Habana. Desde ese día, hasta hoy, con miles de muertos a su haber, ya sin el apoyo de la extinta URSS y mantenido por el petróleo venezolano, sometió a su gente a la más infame de las ofensas, acabando con la dignidad de un pueblo alegre que creyó que les había llegado el ser que les daría para vivir, un paraíso.

    Le vendió al mundo una imagen de progreso en educación, medicina, orden y disciplina. Pero el precio que pagó el cubano fue demasiado alto. No todo se debió al embargo de los EE. UU. Sus ideales había que imponerlos a sangre y fuego. El no dudó jamás de sus métodos.

    Para desgracia la pesadilla continúa con los actuales dirigentes. Se decía en los inicios que el hermano, ahora al mando, era peor que el occiso. Desaparecieron a los verdaderos idealistas con los que simpatizó mucha gente, como Camilo Cienfuegos y se allanó el paso para lo que hemos visto después.

    Por mala suerte, a Cuba le aguardan muchos tragos amargos todavía. Eso sí, es una advertencia para los que quedan como discípulos del comandante, nada es eterno y a todo tirano le llega su fin.

    Dr. Ignacio Granja Rousseau

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