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Fe, esperanza y amor en la vejez

18 oct 2016 / 00:02

    Por circunstancias de la vida visito frecuentemente un asilo de ancianos. Muchos de ellos ya no participan en ninguna conversación. Uno quisiera darles un mensaje de afecto y aliento, pero les cuesta comunicarse por su estado mental. Otros, en el ocaso de sus vidas, han tenido un rejuvenecimiento espiritual acercándose a Dios; sus rostros y actitudes reflejan amor, alegría, paz y paciencia, a pesar de sus circunstancias personales. Nadie sabe si mañana estaremos vivos ni tampoco estamos seguros de llegar a la vejez. Por eso, sigamos el ejemplo de los referidos ancianos y busquemos a Cristo ahora que aún estamos ‘morochones’ con buena salud y con todas nuestras capacidades intelectuales.

    Miguel Ulloa Paredes

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