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¿Dónde está la plata?

11 ene 2017 / 00:00

    El título de este artículo es una sugestiva frase utilizada en una pasada campaña electoral. El interrogante planteaba dónde estaba el dinero de la explotación del petróleo, que en sus inicios provocó incluso un golpe de Estado en el carnaval de 1972. Se proclamó jefe supremo el Gral. Rodríguez Lara, quien dijo “sembraría el petróleo”; es evidente que se ha sembrado en nuevos ricos. El Ecuador continúa siendo subdesarrollado; si bien ha crecido económicamente, exhibe altos índices de pobreza, débil democracia, excesiva deuda, su moneda se deterioró tanto que debió adoptar el dólar. En lo que no se ha rezagado es en el avance de esa lacra contemporánea, el narcotráfico.

    El negocio petrolero ha demostrado su poder corruptor. Se recuerda de la década del 70 el llamado “sobrelevante petrolero”, que un contralor denunció favorecía a la compañía Texaco, con una cuantiosa liquidación; o el caso de una excesiva compra de fertilizantes que se pudrió. Son pequeñas muestras del feriado petrolero. Se desconoce si alguien fue sancionado por estos atracos y si el país recuperó el dinero. Ese incorrecto manejo de recursos públicos se ha repetido hasta llegar al desaforado negociado de la refinería de Esmeraldas y al último escándalo investigado en los Estados Unidos, que concluye que Odebrecht entregó coimas que la favorecían con sobreprecios, en perjuicio del país. Surge el interrogante: ¿que habrá pasado en otras contrataciones como carreteras, donde se afirma que su costo por kilómetro es exageradamente caro, o en general en contratos sin licitación? Por sanidad pública debe investigarse e identificarse a los corruptos. Hay razones para no envidiar la ruta “K” del dinero en el gobierno de los Kirchner en Argentina, en una de sus fechorías pretendían esconderlo en un convento. El Ecuador sigue la ruta de países petroleros con altísima corrupción como Venezuela y México. Si se sigue tolerando la impunidad, no se persigue el enriquecimiento injustificado o si la sociedad civil no reacciona reprochando al corrupto, a los honrados les será muy difícil vivir y a los pícaros muy fácil enriquecerse.

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