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Nobel de Economía vs. socialdemocracia

18 oct 2016 / 00:02

De las élites que manejan la sociedad moderna, solo los economistas tienen un Premio Nobel. El halo conferido por el premio puede -y muchas veces lo ha hecho- otorgar credibilidad a políticas que afectan el interés público, por ejemplo, al fomentar la desigualdad y aumentar la probabilidad de crisis financieras. Pero la economía no está del todo exenta de competencia. Una visión diferente del mundo guía la distribución de aproximadamente el 30 % del PIB -para empleo, atención médica, educación y pensiones- en la mayoría de los países desarrollados. Esa visión sobre cómo debería manejarse la sociedad -la socialdemocracia- es una orientación política y un método de gobierno. La economía estándar supone que la sociedad está impulsada por individuos egoístas que operan en los mercados, cuyas opciones aumentan hasta un estado eficiente a través de la “mano invisible”. Pero esta doctrina no está bien fundamentada ni en la teoría ni en la práctica: sus premisas son poco realistas, los modelos que sustenta son inconsistentes y las predicciones que produce muchas veces son equivocadas. El Premio Nobel de Economía fue donado por el Banco Central de Suecia, el Riksbank, en 1968 y surgió de un conflicto de larga data entre los intereses de los más favorecidos en precios estables y los de todos los demás en reducir la inseguridad mediante impuestos, inversión social y transferencias. La Real Academia Sueca de Ciencias otorgó el premio, pero Suecia también era una socialdemocracia avanzada. Entre 1950 y 1960, el Riksbank se enfrentó al Gobierno de Suecia por la gestión del crédito. Los gobiernos le daban prioridad al empleo y la vivienda; al Riksbank le preocupaba la inflación. Como recompensa por las restricciones sobre su autoridad, se le permitió donar un Premio Nobel en Economía por su tricentenario. Dentro de la Academia de Ciencias, un grupo de economistas de centroderecha se apropió del proceso de selección de los ganadores. Los laureados conformaban una muestra de alta calidad de la academia económica. Un análisis de su influencia, inclinaciones y sesgos indica que el comité Nobel mantuvo una apariencia de justicia a través de un equilibrio rígido entre la derecha y la izquierda, los formalistas y los empiristas, la Escuela de Chicago y los keynesianos. Pero nuestra investigación indica que los economistas profesionales, en general, están más inclinados hacia la izquierda. La socialdemocracia no está tan profundamente teorizada como la economía. Constituye un conjunto pragmático de políticas que ha sido profundamente exitoso en cuanto a mantener la inseguridad económica a raya. A pesar de haber sido atacada de manera implacable durante décadas, sigue siendo indispensable para ofrecer los bienes públicos que los mercados no pueden proporcionar de manera eficiente, equitativa o en cantidad suficiente. Pero la falta de un respaldo intelectual formal implica que incluso los partidos nominalmente socialdemócratas no entienden del todo cuán bien funciona la socialdemocracia. Muchos economistas han respondido al fracaso de las premisas principales de su disciplina retirándose a la investigación empírica. Pero la validez resultante llega a expensas de la generalidad: los ensayos controlados aleatoriamente en forma de experimentos locales no pueden remplazar una visión global del bien social. Una buena manera de empezar a reconocer esto sería elegir a los ganadores del Premio Nobel en consecuencia.

Project Syndicate

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