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El régimen monetario

09 ene 2017 / 00:02

    Luego de la afirmación del candidato presidencial por el partido de Gobierno respecto de la eventualidad de retornar a un signo monetario propio, la dolarización es tema central de discusión en la campaña presidencial.

    El candidato, en efecto, articuló una posición muy conocida del Gobierno del cual forma parte: estamos en contra de la dolarización, pero no tenemos otra alternativa que aceptarla. Es un criterio que ha expresado en forma reiterativa el presidente.

    La permanencia o no de la dolarización, sin embargo, va más allá de la querencia por el régimen que establece el curso legal de la moneda en el país. La estabilidad monetaria se basa en una fórmula de fácil especificación: la cantidad de moneda que circule y la velocidad de esa circulación, no deben alterar el equilibrio de los precios. Para que esta fórmula funcione debidamente, es necesario que la producción pueda prosperar.

    La prosperidad a su vez depende, además de la eficiencia y la innovación, del crédito. Pero el crédito es un arma de doble filo; si este se origina en el Banco Central, por acto administrativo, el equilibrio se estresa y puede romperse. Si viene del exterior y alimenta al sector privado, igualmente se produce “estresamiento” en la medida que aumente el circulante que no se respalde en la producción de bienes y servicios. La segunda opción tiene antídotos, la primera es la que se conoce vulgarmente como la de “echar a andar la maquinita” de hacer billetes.

    La dolarización pone un coto a la emisión de dinero administrada desde el Banco Central, y es ahí donde radica su principal virtud. Las transacciones monetarias se hacen entonces en moneda dura, cuyo tipo de cambio no está sujeto a los requerimientos políticos del gobierno de turno.

    En ese sentido, la dolarización es antagónica a cualquier gobierno que pretenda tener la libertad para “echar a andar la maquinita”

    El Ecuador tuvo el signo monetario nacional, el sucre, de más larga duración en la región. Al flaquear el compromiso fiscal, se perdió la confianza en la moneda, y la confianza es el factor primordial que le otorga valor al signo monetario.

    De ahí que para pensar en volver a lo propio en materia de moneda, será menester primero adoptar seriamente el compromiso fiscal: lo que no existe el día de hoy.

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