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Quito: ciudad de ciudades

19 oct 2016 / 00:02

    Con los inconvenientes propios de la inusual magnitud de este tipo de reuniones, con amplia concurrencia nacional e internacional de figuras connotadas y público en general, en la capital del Ecuador está por concluir la conferencia Hábitat III.

    Sin duda, se justifica el interés despertado. Es propio de aquello que tiene que ver con la organización y gestión de lo urbano. No en vano se ha considerado a la ciudad como un maravilloso milagro de lo humano. En ella se desarrolla toda la creatividad que la especie encierra, todo su talento administrativo, financiero y jurídico, orientado a hacer grata la vida de los conglomerados que la habitan.

    Pese a dicha intención, también la ciudad es el escenario de los peores comportamientos del hombre, de sus egoísmos y de los residuos de barbarie que todavía no ha sido posible erradicarle. Por lo mismo, entre las búsquedas mayores se encuentra precisamente la de la recuperación de la solidaridad, intentando lograr que la vida en comunidad recobre unos mínimos deseables, que la alejen de la condición de selva de cemento con que en ocasiones se la ha descrito.

    Conocer la magnitud de los avances y las dificultades es uno de los beneficios a lograr en las conferencias Hábitat. Alcaldes y funcionarios de distintas vertientes ideológicas comparten sus experiencias y las muestran sometiéndolas al escrutinio de los expertos. Así, las de la cercana Medellín son unas de las que brillan en razón del esfuerzo desplegado para superar una compleja situación que mezcló pobreza, marginalidad, violencia armada y narcotráfico, y ahora es ejemplo de progreso y desarrollo.

    Partiendo de que no son directamente transferibles de un entorno a otro, cabe, adaptándolas a la propia realidad, intentar adoptar algunas de sus soluciones. Las vinculadas a la red de transporte público, por ejemplo, reconociendo lo que significa para los sectores de escasos recursos económicos especialmente, disminuir el costo y el tiempo dedicado a trasladarse desde sus viviendas a sus sitios de trabajo. Por el estilo, los éxitos logrados en la protección del medioambiente y la existencia de adecuados espacios públicos son el camino para garantizar lo que Henry Lefebvre denominó el derecho a la ciudad.

    Se espera ahora, con entusiasmo, lo que será la Declaración de Quito.

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