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“Lo que yo piense de mí es lo que importa”

Fabrizio Célleri

20 dic 2016 / 18:18

El mundo de la moda es para muchos sinónimo de frivolidad y copas de champán pero si nos centramos en quienes están detrás de un llamativo traje descubriremos vidas que denotan esfuerzo, talento, dedicación y constancia. Para hablar de Fabrizio Célleri hay que conocerlo. Nos llamó la atención su sonrisa franca y espontánea que semeja a la de un niño travieso y que contrasta con la tristeza que marca su mirada, pero no hay tiempo para adentrarse en ella ni en su sensibilidad a flor de piel. Su voz es fuerte al igual que sus respuestas, precisas, tajantes y objetivas, tal como ha llevado su vida en los últimos 20 años dentro y fuera de la pasarela. Su día empieza en la ducha, dando gracias a Dios por estar vivo. Pide principalmente paciencia y tolerancia. Afortunadamente las ‘palabrotas’ solo las alcanza a escuchar su perro Lanvin, que más que su mascota es su hijo. Fabrizio lleva consigo una pulserita roja, le recuerda su carácter explosivo que aprendió a controlar con el pasar de los años. “No importa las cosas que pasen contigo, uno al final las genera y aprende. Para mí lo más importante es agradecer y amar. A todo lo que hago le pongo pasión, no encontré mejor terapia que el diseño, para mí es una bendición hacer lo que me gusta”. Perdió a sus padres hace 23 años pero quedan sus amigos a los que cuenta con los dedos de la mano, quienes junto con sus clientas son su pilar y soporte de existencia. Una de sus frases favoritas es la que le repetía su madre y musa: “La constancia vence lo que la dicha no alcanza”. A cinco meses de conmemorar dos décadas como modisto, asegura que cada año se fija una meta para alcanzar. La de 2016 fue el lanzamiento de su colección To The Moon and Back, efectuado el 9 noviembre frente a la rueda moscovita La Perla y en el que lloró como si fuera la primera vez que lo hacía, en un imponente evento que contó con el aval de Andrés Álvarez Eljuri, de BG Magazine. Sensible, solitario y enérgico es como percibimos a este pisciano que se molesta fácilmente pero que apaga con la misma rapidez esa irritabilidad. Cuando le endilgan títulos como ser uno de los mejores diseñadores de Ecuador, lo acepta sin reparos y sin falsa modestia. “Claro que me lo creo, es una manera de manifestar y entregar lo que eres, lo que yo piense de mí es lo que importa y sí, soy el mejor diseñador de este país”. Sus creaciones hablan de sutileza, delicadeza y sensualidad. Un proceso que abarca selección de telas, texturas y colores. “Hay clientas que han llegado hasta en pijama a mi boutique que hace cuatro años funciona en mi casa y ver sus rostros satisfechos y felices cuando se ponen algo mío es lo mejor, son mis princesas. Con cada una me tomo tres horas y les pongo un nombre que las caracteriza (sonríe). La que busca una prenda mía quiere ser auténtica, original y única. En mis 19 años jamás alguien se ha topado con un vestido idéntico al que lleva puesto en una fiesta, ¡nunca!”. Sobre el hecho de que hoy por hoy cualquier persona dice que diseña ropa, Fabrizio opina: “Aquí es tierra de nadie, cualquiera puede decir o hacer lo que le da la gana. Es cierto que yo estudié Diseño de Interiores y me dedico también a la decoración pero me preparé en esto. Aquí se dejan llevar por lo que la sociedad consume”. Añade que el tema de la moda está prostituido en este país, más aún en la Costa. “Dañan el mercado porque aquí todo el mundo hace ropa, si bien es cierto cada quien tiene su nicho, hay quienes venden trajes similares a lo que hago por la mitad de lo que yo ofrezco, pero ese no es mi problema, yo valoro, mi trabajo y lo hago respetar”.

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