
Del encanto a la polémica: el caso Studio Ghibli, ChatGPT y la revolución de la IA
La tendencia de generar imágenes por inteligencia artificial plantea interrogantes sobre autenticidad, propiedad y riesgos
Todo gran poder conlleva responsabilidades, y con el auge de la generación de imágenes por inteligencia artificial (IA), ha quedado claro que aún hay muchas áreas en las que falta claridad. En un abrir y cerrar de ojos, personas comunes se transforman en personajes sacados de un cuento de fantasía, rodeados de paisajes deslumbrantes; todo gracias a una tecnología que, con solo unas palabras, recrea escenas al estilo de Studio Ghibli. En Ecuador, los usuarios no dudan en adentrarse en mundos mágicos, reimaginando a sus ídolos, hijos amigos y hasta mascotas.
Pero la fiebre no se detiene allí, en Ghibli. En segundos la moda se expande y se entiende. También versiones inspiradas en Pixar, Disney, cómics, y hasta muñecos de acción inundan las redes sociales, cada una de ellas más asombrosa que la anterior. Todo esto es posible gracias a una simple actualización de ChatGPT, que permite a cualquiera crear imágenes o transformar escenas con solo describirlas, desatando una revolución visual sin precedentes.
Y, como era de esperar, la política no se quedó atrás. Figuras como Daniel Noboa y Luisa González se ven transformadas en coleccionables, vestidos con los trajes que usaron en el debate presidencial o con los emblemáticos ‘looks’ de campaña, mientras que el alcalde de Guayaquil aparece corriendo por una pradera infinita, como si de un personaje de cómic se tratara. La facilidad con que cualquier persona puede dar rienda suelta a su imaginación y generar escenas fantásticas, sin necesidad de conocimientos técnicos, despierta tanta admiración como inquietud sobre los límites de esta nueva realidad.
Encuesta sobre el uso de la Inteligencia Artificial
La polémica llegó rápidamente desde Japón, donde Studio Ghibli expresó su desacuerdo con el uso no autorizado de su estilo. Oliver Bateman, historiador y periodista, fue claro en The Washington Post: “Lo que comenzó como una curiosidad visual terminó revelando una inquietante verdad: la facilidad con la que la IA puede replicar y trivializar obras profundamente humanas”. Para Bateman, estas prácticas sustituyen el esfuerzo artístico por la eficiencia algorítmica, lo que plantea una serie de preguntas sobre la propiedad intelectual y el valor del arte.
Bruno Sánchez
En Ecuador, la legislación aún no ha logrado ponerse al ritmo de esta nueva realidad. El marco legal sigue siendo insuficiente para abordar los múltiples desafíos que plantea la IA. Hay decenas de iniciativas de regulación que no han terminado de aprobarse o que aún no entran en vigencia. Es así como, una vez más, la tecnología demuestra que avanza mucho más rápido que las sociedades.
Tus datos son tu moneda
Otro de los principales temas que surgen en torno a este fenómeno es la seguridad digital. Bruno Sánchez, gerente comercial de Ondú Cloud y experto en seguridad informática, lo resume de manera simple: “Cuando tú tienes una herramienta gratuita, el que está pagando la factura eres tú. O sea, tus datos son las monedas”. Al subir una imagen a estas plataformas, los usuarios ceden información que puede ser utilizada para alimentar sistemas de reconocimiento facial sin consentimiento o ser empleada en fraudes digitales.
Sánchez alerta sobre los riesgos asociados a la suplantación de identidad y las noticias falsas, señalando que ya se han registrado casos en los que imágenes manipuladas han sido utilizadas para difundir información errónea. “Se han visto ya casos en donde se dice: ‘esta persona estaba en este accidente’, y se muestra una imagen manipulada en la que aparece alguien que nunca estuvo ahí. Todo esto se logra con la información que tu entregas a los sistemas”.
Un nuevo 'negocio' que cobra por lo que es gratis
Además, en el país ha surgido un cuestionado ‘nuevo modelo de negocio’: la venta de retratos generados por IA, a precios que van desde 50 centavos hasta un dólar, cuando se pueden hacer de forma gratuita. Usuarios con cuentas Plus de ChatGPT no han dejado pasar la oportunidad de ofrecer este servicio -y conocimiento- en plataformas como Facebook.
Otro punto a considerar es el impacto ambiental de la IA. National Geographic informó que generar una sola imagen puede requerir hasta 3,45 litros de agua, debido al sistema de enfriamiento de los centros de datos. Aunque el consumo de agua en la IA es menor en comparación con industrias como la agrícola, el debate sobre la sostenibilidad tecnológica está ganando relevancia. Algunas empresas tecnológicas ya han anunciado acciones para mitigar su huella ambiental. Google, por ejemplo, se ha comprometido a devolver más agua de la que consume para 2030.
El potencial de la inteligencia artificial en el día a día
Damián Arroyo
A pesar de las controversias, también hay quienes destacan el potencial positivo de esta revolución visual. Damián Arroyo, editor de Inteligencia Artificial en La Nación Costa Rica, señala que “la IA, como cualquier tecnología, está hecha para hacernos la vida más fácil”. Según Arroyo, puede mejorar la educación, optimizar procesos de salud y ayudar en la toma de decisiones informadas. Sostiene que no debemos ver la tecnología como una amenaza, sino como una aliada. “En lugar de ver la tecnología como un reemplazo, hay que verla como una herramienta que puede complementar lo que ya hacemos. En mi trabajo, por ejemplo, la usamos para tareas repetitivas, lo que nos da más tiempo para enfocarnos en lo creativo, lo humano”.
La viralización de esta tendencia fue tal que los servidores de OpenAI colapsaron. Sam Altman, CEO de la compañía, describió la demanda como “bíblica” y comentó que sus GPU estaban “derritiéndose” por la cantidad de imágenes solicitadas. Para gestionar la situación, se impusieron límites temporales en la generación de imágenes. En su punto más alto, la plataforma alcanzó un millón de usuarios nuevos por hora, con 150 millones de usuarios activos semanales, según Similarweb.
Así es como un juego de magia visual terminó revelando los múltiples rostros de la inteligencia artificial: la maravilla creativa, la inquietud legal, el debate ético, el negocio informal y la preocupación ambiental. Mientras el mundo sigue maravillándose con las imágenes de estilo Ghibli, Pixar o Disney, el fenómeno delata la urgencia de adaptar las normas, proteger los datos, educar en el uso responsable de la tecnología y entender que, aunque la IA puede ser una gran aliada, su poder también conlleva responsabilidades.
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