
Priscilla Falconi Avellan: “Yo soy yo”
Nuestra invitada de hoy, Priscilla Falconí es una mujer naturalmente bella y valiente, a pesar de ser muy distinguida, la naturaleza de su espíritu invade su distinción como lo hace inevitablemente la hiedra.
Nuestra invitada de hoy, Priscilla Falconí es una mujer naturalmente bella y valiente, a pesar de ser muy distinguida, la naturaleza de su espíritu invade su distinción como lo hace inevitablemente la hiedra. Es abogada y tiene cuatro hijas: Martina de 15, y la presenta como el sol que ilumina sus días; Manuela de 13, a quien, en virtud de un acuerdo entre las 5, es la favorita, y las mellizas Mía y María José Balarezo Falconí son los amores de su vida. Sin embargo, en sus planes nunca estuvo ser mamá, lo mejor que le ha pasado en su vida.
¿Y cuándo cambiaste de opinión?
Después de superar dos experiencias en particular. Una que no cabría explicar aquí y solo nos quedaremos con la aventura que representó ayudar a parir una yegua que se llamaba Clandestina.
La segunda experiencia que me hizo cambiar de opinión fue cuando murió mi abuelo Patricio. Era un hombre muy hosco, pero sentía que yo lo derretía con mi cariño. Fuimos especiales ambos, tal vez por haber sido su primera nieta y por haberme permitido estar muy cerca en momentos tan dolorosos como cuando murió trágicamente su esposa; él quedó destrozado, más hosco que nunca pero a mí me dejaba agarrar su mano. Fue embajador en París y mientras yo estaba en Alemania, a mis once y doce años, me llamaba religiosamente todos los días. Cuando fui universitaria, me mandó a regalar un fax para que yo pueda recibir sus cartas diariamente... Hago la relación de esos dos sucesos y es ahí cuando deseo tener hijos...
Ella es cabeza de hogar y lo enfrenta llena de paz...
Luché por mi matrimonio durante los veinte años que duró. Yo no quería una familia partida ni para mí, ni para mis hijas, por eso conversé con ellos y les propuse que siendo inevitable esta experiencia, nos comprometiéramos a convertirnos en mejores personas. Y así ha sido, incluso, mis hijas disfrutan mejor de su padre.
Hablando de padres, Priscila se expresa cariñosamente del suyo como su ‘date’ y con quien tiene una relación maravillosa “tal vez porque no trabajamos juntos”, dice riéndose. Y agrega, “mi papá Juan Falconí Puig es un hombre brillante, hablar con él es un deleite y a mi madre Patricia Avellán que es una artista (pintora) la admiro porque ha hecho mucho dentro de su profesión.
¿Algunas veces has sentido un peso por las expectativas familiares?
Para nada. Me siento muy orgullosa de lo que he logrado, poder ser una profesional apreciada. Creo que en el área de la Ley de Comunicación hice un excelente trabajo. Ser una abogada destacada y madre de cuatro hijas me hace sentir muy bien. Además, nunca digo que soy “hija de ... ” porque no sé cómo van a responder (ríe). Te puedo decir que crío a mis hijas para que sean independientes. Les enseño a dar las gracias por lo que tienen y las apoyo en lo que quieren”.
Priscila estudia Derecho como segunda carrera y luego de un periodo laboral en el City Bank. ¿Siempre quisiste ser abogada y por qué no optaste por el Derecho enseguida?
Yo no quería quedarme en el país, quería mundo. Además, mi madre siempre me impulsó a estudiar en las mejores universidades, a ser la mejor estudiante. Estudié en la Cornell University, BA en Ciencias de Desarrollo Humano.
¿Qué es lo más duro de ser abogada?
Querer hacerlo todo y que todo salga perfecto.
No hablamos de machismo ni de esos males que el Derecho aún no puede dar por terminado, pero le pregunto si ha pensado que ser una mujer bella, inteligente, autosuficiente e independiente económicamente, ¿asusta a ciertos hombres? Nos responde un sí con sonrisas.
Si tuvieras que describirte en una palabra...
Soy agradecida. Serlo le ha dado otra dimensión a mi vida, y eso le enseño a mis hijas todos los días. Agradezco todo lo que tengo, los afectos, la familia y amigos inigualables (Luisa Fernanda Amador, María Eugenia González, Jimena Babra, Carlos Nebel, Gaelle Guiulfo, Galo y Ridela Martínez) entre otros nombres extraordinarios.
Agradezco los momentos. Tengo muy claro que cada segundo vivido no regresa, y que uno nunca sabe si volverá a ver a la persona que tiene al frente, eso hace que dé siempre lo mejor de mí. Y aunque como todos los seres humanos tengo mis malos momentos, procuro estar la mayoría del tiempo alegre, y con una sonrisa dibujada en la cara.
¿Algo pendiente?
No me gusta deber. Mi lema es que de mí no falte y dar lo mejor en todo. Pero sí, mi padre me debe una maestría hace algunos años, eso tengo pendiente de cobrar (risas).
Personal
-Estudios: En Cornell University, BA en Ciencias de Desarrollo Humano. Abogada, graduada en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.
-Cargo: Miembro actual del grupo de mujeres de Executive Forum. En Carmigniani Pérez, abogada asociada senior.
-Hijos: Martina (15), Manuela (13), Mía y María José Balarezo Falconí (10)
-“Cada experiencia de vida es una aventura que enfrento y de la cual saco lecciones”