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El Debate Presidencial 2025 fue un espacio de confrontación entre Noboa y González.
El Debate Presidencial 2025 fue un espacio de confrontación entre Noboa y González.Foto: Gustavo Guamán/ Expreso.

Elecciones Ecuador 2025: Cómo sobrevivir al fraude de la compol

Análisis| La campaña no está hecha para mostrar cómo piensan gobernar los candidatos sino todo lo contrario: para encubrirlo

En esta campaña no se han abordado los problemas del país de ninguna manera: ni los candidatos ni sus estrategas parecen considerarlo necesario. Para ellos, hacer campaña consiste en proyectar una cierta imagen, menos real que figurada, que se ajuste a las expectativas y deseos de los ciudadanos: la imagen del hombre que resuelve; la imagen de la mujer empoderada. Pero ¿quiénes son en realidad los candidatos, más allá de su imagen prefabricada? ¿Qué visión tienen del país, más allá de sus promesas demagógicas? ¿Qué podemos esperar de sus gobiernos, quienquiera gane la elección, más allá de sus planes elaborados para cumplir un requisito?

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La campaña no está diseñada en absoluto para entregarnos las respuestas a esas preguntas sino todo lo contrario: para encubrirlas. Estamos en la apoteosis de lo que ha dado en llamarse “compol”, acrónimo de “comunicación política”, la nueva ciencia del mercadeo y la posverdad al servicio del poder y de espaldas (casi siempre directamente en contra) del interés público. Metodología para el engaño masivo, arte de vendernos paja, el auge de la compol va de la mano de la decadencia de la democracia. Más que una forma de comunicar los temas de la política se trata de una técnica para sacar ventaja de la muerte de la política. Comunicación postpolítica: compost. Palabra que designa, por feliz coincidencia, al abono orgánico que se obtiene de la descomposición de todo tipo de residuos. Uno nunca sabrá de qué está hecho pero apesta a muerto.

La fase superior del desarrollo de la compost (y, por consiguiente, de la crisis de la democracia) parece ocurrir cuando los cultores de esta pseudociencia se atribuyen el papel de analistas y usurpan, con sus consideraciones de mercadeo, el lugar del verdadero análisis político. Hoy los tenemos ejerciendo de intérpretes en todas las tertulias, pontificando sobre lo que está bien y está mal en el debate público. El interés general desaparece entonces de la conversación nacional y lo sustituye la perspectiva de los candidatos o de los funcionarios.

Es lo que ocurrió esta semana a propósito del proyecto de ley de libertad religiosa presentado en la Asamblea Nacional por el correísmo. La propuesta se debatió no como lo que es (un atentado a la libertad individual y una aberración estalinista que atribuye al Estado el papel de árbitro de las comunidades religiosas, al tiempo que le reserva la facultad de autorizar o prohibir un culto por la vía burocrática de su registro) sino como una metida de pata electoral en toda regla. ¿Cómo se les ocurre?, se preguntaron aquí y allá los chicos de la compost, sin ocultar el bochorno que les producía semejante falta de criterio: ¡podían haber esperado 15 días para presentar ese proyecto! Porque, claro, después de elecciones ya no importa. Así, un problema de visión política, una amenaza contra la libertad, se convierte en una simple cuestión de ‘timing’. Una vez banalizado de esta forma, el tema desaparece del debate público en cuanto los correístas se dan cuenta de su error y archivan el proyecto, como en efecto ocurrió: gana Luisa González y pierde el país, que desaprovecha la oportunidad de debatir un tema de fondo: lo que estas personas en realidad tienen en la cabeza y lo que nos espera si su proyecto autoritario se alza con la presidencia de la República.

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Luisa se apega a su papel

En resumen: el debate real, el que atañe a los verdaderos problemas de la República y no a las trivialidades de la compost, hay que ir a buscarlo fuera de la campaña. Por ejemplo: ¿qué visión de país tiene Luisa González? ¿Cómo sería su gobierno, en caso de ganar las elecciones? En vano se buscará una respuesta en sus piezas de campaña, en sus entrevistas diarias o en sus discursos de tarima, ésos en los que despacha linduras retóricas como: “Esta vez la política no se escribe desde el escritorio, se escribe desde el territorio, donde se cultiva el maíz”. O bien: “Desde las raíces de la montaña hasta el corazón del pueblo hoy empieza la esperanza”. No. Mucho más elocuente y significativa es la entrevista que el expresidente prófugo, empleado de la televisión rusa y, como tal, agente de la penetración cultural imperialista (para utilizar un lenguaje que le gusta aplicar a otros), le hizo al asambleísta electo Ricardo Patiño, presunto narcovalijero y pativideoasta a quien califica como “canciller histórico”, acaso por considerarse a sí mismo como presidente legendario. No es la tal entrevista una pieza de campaña ni mucho menos. Precisamente por eso se puede encontrar en ella la verdad de lo que será un gobierno correísta, verdad que la misma Luisa González, que no se entera de nada (ella nomás hace lo que le mandan), ignora por completo: un gobierno que desconfía del dólar y hará lo que esté en sus manos por abandonar esa moneda; un gobierno que defenderá los intereses de las dictaduras más sangrientas de la región (Maduro, Ortega, el tontaina de Díaz Canel…); que se alineará con Putin y se declarará en rebeldía contra su principal socio comercial, Estados Unidos (con las más que probables consecuencias nefastas para nuestros exportadores, tal como está el patio); en fin: una bomba de tiempo que la candidata ni se la ve venir.

Fuera de los discursos de tarima, de las entrevistas diarias de la candidata y de sus piezas de campaña, el pasado del correísmo (nomás hay que preguntárselo al dios Google y ni siquiera hace falta bucear en aguas profundas) nos arroja datos inquietantes sobre sus relaciones con el narcotráfico: los 150 mil dólares que el mafioso Leandro Norero dice, en sus chats privados, haber pagado en sobornos a los jueces para la liberación de Jorge Glas; la protección que ofrecieron a su asambleísta Ronny Aleaga, operador político del narco (aunque la candidata en campaña mienta que fue ella quien lo expulsó del partido); las evidencias (incluida una inescrupulosa, criminal manipulación de estadísticas) que revelan la existencia de una pax narca durante el correato, con las consecuencias que hoy sufrimos todos. Sólo fuera de la campaña se encontrarán estas verdades.

Un candidato presidente de baile y tarima

¿Y las verdades del candidato presidente? ¿Cómo será un gobierno suyo de cuatro años? Los chicos de la compost, incluida quien fuera su secretaria de Comunicación, Irene Vélez, al parecer más ocupada en vestirlo que en otra cosa, festejan el hallazgo mercadotécnico del muñeco de cartón y el todavía más reciente de la camiseta ceñida que facilita la exhibición comercial de su silueta pepeada, producto del gimnasio. Pero, por fuera de las piezas de campaña, los chats de su esposa con su exesposa con respecto a la tenencia de su hija reflejan mejor que cualquier declaración política su verdadera concepción de lo que es el poder y cómo usarlo. Su comportamiento frente a su propia vicepresidenta, a quien la une una historia evidentemente inconfesable, porque de no ser así ya nos la hubiera contado, revelan su inquietante inclinación a pasarse las leyes y la Constitución de la República por el forro cuando lo considere necesario. Y la estrategia de compra de conciencias en la Asamblea, ejecutada por Valentina Centeno, que llevaron a su bancada de los 16 a los 40 legisladores, nos pinta de cuerpo entero el perfil de esa nueva generación que dizque viene a remozar la vieja política.

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Por fuera de la campaña, de la propaganda, de las piezas vistosas que circulan en las redes, de los discursos vacíos de tarima, de las entrevistas bien libreteadas, en fin, por fuera de los chicos de la compost y el daño enorme que infligen a la democracia, están los trapos sucios. Y sí, claro, hay algunos más pringosos que otros. Es lo que hay. Por eso, esta elección es un test de madurez para el votante ecuatoriano. El próximo domingo sabremos hasta qué punto este país es capaz de ejercer su criterio a pesar de las mentiras de los comunicadores de la postpolítica.

  • Una crisis

Metodología para el engaño masivo, arte de vendernos paja, el auge de la “Compol” (acrónimo de comunicación política) va de la mano con la decadencia de la democracia.

  • Debate real

El debate real, aquel que atañe a los verdaderos problemas de la República y no a las trivialidades de la comunicación política, hay que buscarlo por fuera de la campaña.

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