
Celebra la Vida: más que una ONG, una familia de servidores
Sin fines de lucro ni sueldos, esta organización reúne a personas dispuestas a entregar comida y esperanza en las calles.
En los rincones donde el dolor parece permanente y la esperanza escasea, surge una mano tendida, una palabra amable, una comida caliente, un abrazo sin juicio. Así actúa la Fundación Celebra la Vida, una organización sin fines de lucro que se ha convertido en un refugio espiritual y humano para quienes luchan contra las adicciones, la depresión, el rechazo y una profunda sensación de no pertenencia. Bajo la guía de Jorge Mejía, su vocero y uno de sus impulsores más activos, esta fundación ha cimentado sus esfuerzos en la fe, el servicio desinteresado y el deseo ferviente de restaurar vidas.
Una misión con propósito
“Nuestra misión es brindar apoyo, orientación y recursos a personas con adicciones, para ayudarlas a superar sus luchas y alcanzar una vida saludable y plena”, afirma Mejía con convicción. Esta declaración no es un simple enunciado institucional, sino una práctica viva que se refleja en cada actividad de la fundación. El propósito es claro: acompañar a quienes atraviesan tormentas internas, sin juzgar ni exigir, sino guiando y sosteniendo.
La Organización No Gubernamental (ONG) ofrece un entorno seguro, humanizado y profesional donde los beneficiarios pueden iniciar su proceso de sanación. Además de los programas de recuperación, la organización apuesta por la prevención desde edades tempranas. Niños, adolescentes y adultos acceden a charlas, materiales educativos y actividades que fortalecen sus habilidades socioemocionales y su capacidad para tomar decisiones saludables.
Servir sin buscar recompensa
Actualmente, 39 personas colaboran activamente en la fundación. Ninguno recibe un salario. "Solo hay que tener ganas de servir. Ninguno de nosotros gana sueldo. Todos colaboramos con un granito de arena", explica Jorge. Quienes no pueden aportar económicamente, una cuota simbólica de 10 dólares mensuales, lo hacen con su tiempo, sus habilidades o su presencia. Preparan comida, reparten ropa, comparten la palabra, y sobre todo, se convierten en compañeros de camino para quienes se sienten solos.
Uno de los proyectos más conmovedores es el que busca dignificar a las personas en situación de calle. “Ya tenemos unos peluqueros para que les corten el cabello, los bañamos, les entregamos juguetes, y estamos preparando material educativo”, cuenta el vocero. Este tipo de acciones, que podrían parecer pequeñas, tienen un impacto profundo en la autoestima de quienes han sido invisibilizados por años.
Fundamentos sólidos, metas ambiciosas
La Fundación nace, según Mejía, con un propósito trascendental: “Organizarnos y estructurarnos, formar bases para que en un tiempo posterior las personas que se hagan después de que carga de la Fundación tengan una base sólida, asentada en el temor a Dios y en el deseo ferviente de servir”.
Entre sus objetivos estratégicos se encuentran el diseño de programas de intervención para personas con dificultades de conducta, el desarrollo de talleres para niños y adolescentes en riesgo, y la promoción de una cultura de apoyo y no de exclusión. También se han planteado alianzas con otras instituciones para ampliar el alcance de sus acciones.
La visión a futuro es ambiciosa: convertirse en una organización referente en el país por su excelencia, innovación y compromiso con el bienestar integral. Y aunque el camino es largo ya veces cuesta arriba, el motor que los impulsa es inagotable: la fe.
Prevención: una tarea de todos
La ONG no solo se enfoca en la recuperación de quienes ya han caído en las redes de las adicciones. También trabaja preventivamente en prevenirlas, con un enfoque integral y personalizado según la edad. En el caso de los niños, se busca fortalecer la comunicación familiar, las habilidades sociales y el involucramiento en actividades extracurriculares. Con los adolescentes, se promueven espacios de apoyo emocional, mentoría y recreación sana. Y en el caso de los adultos, la fundación ofrece charlas, acceso a tratamiento y participación comunitaria.
“Recuerda que la prevención del consumo de drogas es un esfuerzo continuo que requiere la participación de la comunidad, las escuelas, las familias y los individuos”, puntualiza Jorge, dejando claro que este es un compromiso colectivo, no exclusivo de las instituciones.
Un llamado a actuar
Lo que distingue a la Fundación Celebra la Vida no es solo su entrega, sino su autenticidad. No hay cifras maquilladas ni campañas ostentosas. Hay personas reales atendiendo a otras personas reales, con dolor y con sueños, con caídas y con ganas de levantarse. Cada sonrisa recuperada, cada historia que vuelve a escribirse, es una victoria silenciosa que vale más que cualquier reconocimiento público.
"La fundación es para eso: para servir. No hay ánimo de lucro, no hay interés personal. Solo hay deseo de restaurar lo que otros han dado por perdido", concluye Jorge Mejía.
Y quizás en esa sencilla declaración se encierre el verdadero poder de esta organización: transformar, desde el amor y la fe, la vida de quienes más lo necesitan.
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