Mente positiva: Cuatro sencillas ideas para no dejarse llevar por el enojo
Comunicar y aceptar lo que sucede y nos molesta puede evitar situaciones desagradables
Perder la cabeza es una de las actividades más sencillas de la vida. Dejarse llevar por un impulso o un enojo es tan fácil que lo hacemos de forma inmediata y sin temer a las consecuencias. Claro que, esa falta de temor dura poco y casi siempre nos arrepentimos por algo que hicimos o dijimos.
Mente positiva: Controla tus reacciones
Leer másLa buena noticia es que podemos evitar sentir el arrepentimiento si solo meditamos unos segundos antes de reaccionar de forma ofuscada. Hoy, en Mente Positiva, quiero plantear cuatro formas simples de evitar un mal rato producido por un enojo.
No es necesario tener siempre la razón.
Es difícil de creer pero no estamos obligados a tener la razón. Todos queremos ser los dueños de la verdad pero lo cierto es que nadie lo es. A veces podemos equivocarnos y eso no nos convierte en malos seres humanos. Aceptar que cometemos errores y que otras personas pueden estar en lo correcto es una forma sencilla de evitar un conflicto.
Siempre hay más de una solución.
No se trata de tener la razón o no tenerla. Debemos comprender que la razón no es una posesión reservada para una sola persona y más de uno puede tenerla. En otras palabras, tu compañero de trabajo, tu adversario y tú pueden estar en lo correcto y eso no significa que haya un problema. Lo mejor es reconocer que cada situación negativa tiene siempre más de una solución.
Acepta y trata de disfrutar la realidad.
Es el principio más importante de todos. Aceptar que no podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor ayudará a que reaccionemos de mejor manera ante un suceso desagradable. Con esa forma de ver el mundo nos evitaremos cambios de humor, tristeza y enfado. De paso evitaremos que quienes amamos y nos rodean también la pasen mal.
Comunica lo que sientes.
Mente positiva: Sé bueno contigo mismo
Leer másHay una antigua parábola que resume este punto. Un día, dos monjes caminaban por el bosque y se encontraron con una hermosa joven que no podía cruzar un río. Ella les pidió ayuda y uno de los monjes la cargo para atravesar las turbulentas aguas. Luego se despidieron y los monjes continuaron el camino hacia su templo.
Durante tres días de viaje, el monje que no cargó a la joven estuvo molesto y casi no cruzó palabra con su compañero. Al llegar al templo, se animó a hablar y reclamó con enfado: “Se supone que no debemos tocar a una mujer y tu cargaste a la chica del río”. Su compañero, con tono amable, le respondió: “yo cargué a la dama durante un momento breve, pero tú cargaste con el enojo por tres días”.
Hablar a tiempo de lo que nos incomoda también es una forma sencilla de no dejarse llevar por el enojo.