
El automovilismo en Ecuador y su época de oro: ¿Qué queda de todo eso?
En los 70' el deporte tuvo su auge: coches de película y las Vueltas a la República unieron al país. Hoy se niega a morir
El diseño y el fuego de los bólidos, los héroes de casco y buzos coloridos, eran solo una de las cientos de características de la época de mayor auge en el automovilismo ecuatoriano. Eso, sin dejar de lado la pasión de los aficionados, la belleza de las modelos y que al final la victoria siempre se bañaba en champaña.
Una de las primeras carreras de autos que primero se vienen a la memoria y que será siempre leyenda eran las 12 Horas Marlboro. 25 de septiembre 1971, medianoche (00:00). En el viejo circuito de diez kilómetros, máquinas corriendo a 200 kilómetros por hora (km/h), en una experiencia inédita que para miles de fanáticos consistía en seguir la luz de los faros, escuchar los motores, el chirrido de las llantas y a los agitados locutores describir el momento. De fondo Yahuarcocha, y de techo las estrellas.
Ya en las Vueltas a la República, llueva o truene, la gente se apostaba al borde de las precarias carreteras: ese país agrario, en sucres, construido a martillazos. No había camping, se tomaba una cobija, un poncho ‘antibalas’, una sopa de fideos y un traguito para el soroche. Eran como fotos blanco y negro de un país austero, creativo, busca vidas. ¿Dónde fue a parar todo eso?
La historia que se encuentra muy arraigada
Walter Toapanta tiene cuatro décadas cubriendo el mundo de los autos. En general, cree que hay que mejorar las carreras actuales, la pista en Yahuarcocha y las vías urbanas en algunas ciudades para los rally. Y es que cada especialidad tenía su valor, dice. “Los hermanos Villagómez, su arrojo y talento”, cita cuando le toca señalar a los inolvidables espectáculos de los monoplaza con que estos pilotos reinaron en Yahuarcocha y triunfaron en Lima y Bogotá.
Ya en las urbanas, las emociones y el riesgo extremo eran las principales características. “Tulcán, San Gabriel, Paute”, añade Toapanta. Se corría sobre adoquín, empedrados y pavimento viejo; baches o esquivando gatos. Los autos pasaban al pie de la tercena, casi llevándose la ropa tendida; la pasión en modo sobrevivencia.
Siga leyendo: (William Pacho es campeón de la Ligue 1 con PSG: De Quinindé a la cima de Europa)
“Yahuarcocha se resiste a morir”, apunta Toapanta. Ese espacio lo va ganando el rally: carreras con calendario, esmero en la organización y con el parque automotor actual. “Los últimos seis años son relevantes: Renault, Citroen, Volkswagen, Mitsubishi, grandes marcas; pilotos bien preparados, desempeños espectaculares”.
Rally, la nueva recta final

Se corre en sinuosas rutas del mundo andino, sobre los 3.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), cerca a bellos nevados, entre ellos el Tungurahua, Cotopaxi; en Imbabura, Azuay y Loja. Los aficionados acuden, unos van como pueden, otros full equipo, con carpas, parrillas, asados y hasta brindis. Es ahí donde el ecuatoriano se enamora del país de las alturas; los pilotos merecen cada ¡viva!, cada aplauso.
Según Toapanta, el parque automotor está actualizado. Los pilotos, con algún apoyo de la empresa privada, importan coches que, aun con distancias, bien pueden competir en carreras como las argentinas o chilenas, donde esta práctica, hace rato, ya es industria.
“Soy optimista, el automovilismo tiene que crecer, claro. Pero en mi experiencia, veo que el sector se mueve. Los autos se actualizan, surgen nuevos pilotos que compiten con valentía y profesionalismo. Esto sigue, llegaremos”, declara Toapanta.
Hay mejoras, pero falta
Con 24 años, Santiago Moya corre rally desde hace dos. Lo hace en la categoría T1 (mecánica nacional, hasta 1400 cc) al mando de un Hyundai Grand i10, de 1200 cc. Destaca entre las nuevas figuras en ruta. “Esto mejora, todo el tiempo”, advierte.
Este latacungueño le apuesta al crecimiento en la disputa generacional entre pilotos. “Los experimentados y nosotros, los autos de gran cilindrada con tracción integral y los chicos, todos damos espectáculo”.
En el apartado por mejorar, sugiere un máximo rigor para homologar procedimientos internacionales. “Como se corre fuera del país, eso debemos trabajar; más exigencia en las revisiones técnicas, por ejemplo”. Sin embargo, la paulatina mejora en cada nivel lo anima. “Hace tres años no había esto”, recalca, aún así siente que falta mayor apoyo de la empresa privada. “Falta apoyo de la Federación de Automovilismo de Competencia (FEDAK), nos tienen descuidados. Los clubes locales evolucionan”, alerta.
Competencia y seguridad
Fernando Andrade, es el primer ecuatoriano en correr el Rally de Montecarlo-Italia. Él figura en rally con un Citroen N5-1.6 Turbo, mientras que en pista lo hace al mando de un Renault Clio 1.3 Turbo. Se muestra optimista y crítico: “Corremos coches avalados por la Federación Internacional de Automovilismo, pero también de los otros: la seguridad es un punto crítico”.
Homologar las carreras al canon FIA formalizará la actividad y promoverá el auspicio privado, recalca. “Ese, un pendiente en la FEDAK. El otro, crear un entorno competitivo. Por ejemplo, corre un Lancia con un Cóndor GP, pero acaba de llegar un Porche, ¿quién le hace competencia?”.
Seguridad y competitividad. “No puedes correr con carros de palo y un roll bar mal hecho, no debes ganar solo porque tienes un autazo”, sentencia el cuencano, veinte años activo.
Excepción tributaria clave

Para el tricampeón de la Vuelta a la República, Alfonso Quirola, en los últimos cinco años, el automovilismo mejoró en un 60%. “Competitividad, los pilotos corren fuera, la afición crece; algunos municipios apoyan. La FEDAK impulsa la profesionalización de los pilotos y un parque automotor apegado a la FIA”, explica, no sin dejar escapar que una excepción tributaria es clave. “Hoy, los autos FIA entran con internación temporal, luego hay que sacarlos y venderlos o volverlos a ingresar: la gestión se encarece”. Pero este incentivo ya suma: “Es más fácil para los pilotos, compran directo a la marca”.
Quirola la tiene clara. “El ideal es que no paguen impuestos: coches, indumentaria, repuestos. Los autos -exclusivos para uso en competencia- aumentarán, mejorando la calidad del espectáculo y su impacto en las economías relacionadas”, sugiere.
Las 10 Horas Ecuador 2025
Marcelo Ron fue reelecto presidente de la Federación Ecuatoriana de Automovilismo y Kartismo (FEDADK) para el período 2024-2028 y da buenas proyecciones. “Desde 2021, un cambio de 360° en Ecuador: el número de participantes y la calidad del parque automotor; eso pese al estricto control de medidas de seguridad”, manifiesta.
Destaca el fortalecimiento institucional de la FEDAK al mantener reglamentos generales, técnicos y de seguridad claros y que fueron socializados antes de su emisión: los corredores tienen un calendario establecido y seguridad jurídica para su participación.
“En Yahuarcocha tenemos las carreras de mayor duración de América Latina. Este año, en septiembre, se largarán las 10 horas y, para 2026, las 12 horas Ecuador”, anuncia. Será la primera vez de campeonatos nacionales de circuito, rally, autos clásicos, trepada de montaña, 4x4, off road, navegación satelital y rally cross.
“Y hemos roto récords: la Monomarca Kia Soul EV, totalmente eléctrica, fue pionera en América, con 80 vehículos en pista”.
Un pasado por honrar

En 1955, en un Ford de 4900 cc, Luis Larrea empezaba a ser el “Loco”. Ya hacia los 70’, los 10 km del circuito de Yahuarcocha fueron para Porche, Mc Laren, Pontiac, Ferrari, BMW, Camaro, Lancia, Renault, Subaru, Volkswagen y Toyota, autos que solo se miraban en las películas con velocidades que sobrepasaban los 200 km/h.
Entre los iconos del lastre y el asfalto destacaban los Madera, Chino Sosa, Merello, Vignolo, Ortega, Michelet, Reyes, Dávalos, Darquea, Carvajal, los Cuenca, entre otros. Mientras que en las Vueltas a la República, las familias se agolpaban en su camioneta, los locales en su camión y los campesinos a caballo; en tanto que los originarios de Los Andes, pasaban asomados a ver la novedad en frente de casa.
El público yacía a filo de cuneta. Las transmisiones radiales hacían historia: “¡coche a la vistaaa!”, se gritaba y había fiesta en el parque con banda de pueblo. Se corría en un país guapo, austero, en construcción. Algo quedaba al final: un aliento de integración, re-conocimiento y pertenencia. El metálico trueno de las máquinas eran armonías por ir ¡A segundos del fuego!
Para seguir leyendo EXPRESO sin restricciones, ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!