
Ecuatorianos, la hinchada que nunca dejó de alentar ante Chile
Cientos de aficionados respaldaron a la Tri en Chile. En algunos casos no importó viajar 22 horas en bus para verlos jugar
La Tricolor nunca juega sola. En cada rincón del mundo hay ecuatorianos dispuestos a recorrer distancias inimaginables con tal de alentar a la selección; de ahí que en Chile este martes 25 de marzo no fue la excepción y la historia se repitió. Sacrificio, emoción y una pasión inquebrantable fueron los protagonistas.
Desde Antofagasta, tras 22 horas de viaje en bus, Miriam Guacho Cabay y su hijo Kenny llegaron con la bandera en el corazón y la esperanza en los ojos. No hubo cansancio que pudiera apagar la emoción del pequeño, quien mantuvo la energía todo el camino, soñando con el momento de ver a la Tricolor en la cancha.
La travesía no fue fácil: carreteras interminables, paradas y el sueño interrumpido por la ansiedad de llegar, pero todo valía la pena. “Por la Tri y el país que nos vio nacer lo damos todo”, manifestó Miriam con la voz entrecortada por la emoción en las afueras del Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos, en Santiago.
Kenny, contagiado de la fiebre futbolera, no tenía dudas de la victoria ecuatoriana. Su entusiasmo era tan desbordante que no dudó en lanzar un pronóstico imposible: “Hoy ganamos por 10 goles”, decía con una seguridad que solo la pasión infantil puede otorgar.
Hasta mascotas de equipos dijeron "presente"

Pero no fueron los únicos. Juan Carlos Yépez, el popular Capirito de Liga de Portoviejo, no pasó desapercibido. Con su tradicional sombrero, botas y vestimenta verde, características de su personaje, llamó la atención de todos.
Orgulloso de sus orígenes manabas, dejó claro que su amor por la selección ecuatoriana trasciende cualquier frontera. “Desde Qatar venimos viajando junto a la selección. Hoy confiamos en un resultado positivo”, dijo con la emoción reflejada en su rostro.
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Desde Santiago, dos choneras, Anabel Arteaga y Bertha Velásquez, flameaban la bandera con orgullo. “Esta bandera nos enorgullece, estamos emocionadas de ver a la Tri tan cerca”, comentaron con el brillo en los ojos propio de quienes no olvidan sus raíces.
Jesús Vera, en cambio, tuvo el destino de su lado. En esta ocasión las vacaciones coincidieron con el partido y no pensó dos veces antes de asegurar su entrada. “La otra vez me tocó estar de turno en el trabajo, ahora quiero vivir unos días soñados”, contó con una sonrisa que reflejaba la ilusión de muchos.

Pero no todos corrieron con la misma suerte. José Luis Aranzibia, quiteño de nacimiento, no consiguió entrada y tuvo que conformarse con ver el partido en un bar cercano. Sin embargo, su ánimo no decayó. “Lo importante es estar aquí, sentir la energía... y si ganamos, celebrar como si estuviera en la cancha”, aseguró con la esperanza intacta.
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