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En varias calles de Guayaquil se perciben acumulaciones de desechos.FRANCISCO FLORES

Desaseo en Guayaquil: ¿Culpa de la autoridad o de su cultura?

Cada 4 horas se sanciona a alguien por mala disposición de desechos. Atribuyen fenómeno a migración y sentido de pertenencia

Probablemente haya visto en redes sociales cómo en las sociedades orientales avanzadas o en las nórdicas-europeas el orden y la limpieza en una ciudad son implícitos. Muy lejos de esas condiciones está Guayaquil, que en los primeros 93 días de 2025 ya registra 517 sanciones impuestas a ciudadanos por la mala disposición de desechos.

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Un guayaquileño sancionado por 'sucio' cada cuatro horas

Eso significa que, en promedio, cada cuatro horas alguien es ‘pillado’ ensuciando la ciudad y/o contribuyendo al taponamiento de los desfogues pluviales, lo que acarrea multas que van desde los $90 hasta los $560 dólares.

Pero ese recuento no se puede aplicar a cualquier transeúnte de manera indiscriminada, como explica Fernando Cornejo, director de Aseo Cantonal: “Lamentablemente no podemos multar a cédulas (personas), tenemos que multar a códigos catastrales”, admite, añadiendo que muchos de estos problemas surgen porque el ciudadano no tiene un ‘‘sentido de pertenencia’’.

EXPRESO pidió una comparativa de estas sanciones con años anteriores, pero esa información no se proporcionó hasta el cierre de la edición. 

Creo que es un problema de control y articulación efectiva. No hay tachos, menos en el sur de la ciudad. Toca cargar basura en el bolsillo por cuadras.

Michelle Gaibor

Coordinadora de proyectos en Fundación Movidana

Al ser el Puerto Principal, Guayaquil tiene una mayor actividad comercial y cuenta con una ‘‘población flotante’’. Es decir, la presencia de personas provenientes de otros cantones, ya sea por comercio o de paso, tiene un efecto directo y medible en la generación de basura. “Nuestras producciones diarias de basura, de lunes a viernes, son superiores a las de los fines de semana”, complementa Cornejo, quien también es presidente de Segura EP. 

El alcalde de Guayaquil compartió recientemente una estadística:  En lo que va de 2025, alrededor de 420 mil toneladas de residuos han sido recogidas. 

Además, la persistencia de problemas de limpieza en Guayaquil no se explica únicamente por la gestión de residuos, sino también por profundas raíces culturales y educativas, influenciadas por la dinámica migratoria de la ciudad. 

Así lo analiza Lorena Quintana, educadora con un Ph.D. en Sociología y docente de la UEES, quien considera fundamental entender los hábitos de origen de la población, pues “en Guayaquil hay mucha migración del campo a la ciudad y además hay personas inmigrantes”, señala como punto de partida.

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La mala disposición de desechos es muchas veces ignorada por los propios vecinos.FRANCISCO FLORES

Motivos para creer que es un asunto cultural

Explica que muchos migrantes rurales carecen de prácticas urbanas de manejo de basura, como el uso de fundas o el respeto a los horarios de recolección, simplemente porque “en el campo, por ejemplo, no hay ese hábito, ya que tampoco hay carros recolectores”. Añade que métodos alternativos utilizados en sus lugares de origen, como la quema o el entierro de desechos, al ser replicados en el entorno urbano, generan graves problemas como el taponamiento de alcantarillas. Esta falta de adaptación, argumenta, evidencia una falla en la formación escolar.

La socióloga subraya que los hábitos son modificables y dependen en gran medida del entorno y sus modelos. “Cuando hay modelos positivos y hay hábitos, sí los adoptan”, afirma, poniendo como ejemplo el comportamiento de los mismos ciudadanos en el extranjero, donde sí cumplen las normas ante modelos de orden y la amenaza de “multas fuertes”.

La cultura del país es un desastre. Desde que tengo seis años recuerdo ver gente botando basura a las calles. No hemos cambiado y no hay buenas formas para educar, tampoco.

David Montalván

Ciudadano

Por ello, enfatiza que la solución radica en “trabajar mucho desde la educación”, pero no como una simple transmisión de información, sino como “una educación contextualizada, según necesidades, y con metodologías adecuadas donde se trabajen y formen los hábitos de higiene y aseo”.

En ese sentido, el desafío del aseo en Guayaquil también puede analizarse desde la formación de valores y la psicología individual, según Rafael Martínez Mori, docente de la UEES. Remontándose a Hipócrates, destaca que la preocupación por la higiene es milenaria y subraya el “rol importantísimo” que juegan los padres al impartir valores como la “higiene personal” y la “limpieza del entorno físico”.

¿Qué hace, entonces, el Municipio de Guayaquil para generar ese sentido de pertenencia por su ciudad en sus habitantes? Fernando Cornejo lo explicó a EXPRESO: ‘‘El asunto ahí no es solo fijarnos en las multas o sanciones, sino en el trabajo que hacemos detrás’’, señaló, refiriéndose a la reducción de puntos críticos de acumulación de basura, que han disminuido de más de 800 a 680 bajo la actual administración, gracias a programas como ‘‘Barrio de Todos’’, que fomentan el cuidado de la ciudad desde los vecindarios.

Sobre los 517 sancionados, Cornejo destacó la alta concentración del problema en el casco central de la ciudad, que genera el 20 % de las notificaciones, a pesar de representar solo el 5 % del área de Guayaquil.

Para mejorar la respuesta operativa, se han implementado “limpiezas profundas” con tanqueros, especialmente para combatir problemas como las manchas de grasa dejadas por locales comerciales que incumplen con el manejo de sus trampas de grasa. Además, se ha incrementado la exigencia a la concesionaria Urvaseo, lo que ha resultado en más kilómetros recorridos y mayor tonelaje recolectado (cerca de 4.800 toneladas diarias), además de campañas de socialización sobre el servicio ‘‘puerta a puerta’’. 

‘‘Más allá de la infraestructura, es más un tema de cultura’’, sostuvo, citando casos en los que ciudadanos dejan basura fuera de grandes contenedores disponibles. No obstante, recalca que la limpieza es una “corresponsabilidad ciudadana”, argumentando que “la ciudad no va a estar más limpia porque los recolectores recorran más kilómetros, sino porque los ciudadanos hagan una mejor disposición de sus residuos”.

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