Escuela cambia las bancas por camas para personas sin techo
Un plantel fiscal alberga a 50 ecuatorianos y extranjeros que vivían en la calle La ayuda fue activada en la emergencia por la pandemia de COVID-19
Toldos, camas, colchones, cocinas, ollas, ropa tendida en cordeles... copan siete de las 12 aulas de la escuela fiscal General Eloy Alfaro, ubicada en Gómez Rendón y Otavalo, suroeste de Guayaquil. En marzo pasado, debido a la emergencia por el coronavirus, allí llegaron 50 personas, tanto ecuatorianas como extranjeras, que laboraban a la intemperie y que debido a la pandemia se quedaron sin trabajo y en la calle.
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Leer másEste es uno de los tres albergues temporales que al principio fueron administrados por la Gobernación del Guayas, pero que desde julio pasado los maneja la Fundación Juventud En Acción Ecuador (JEA Ecuador), con la ayuda de empresas privadas.
Los viejos pupitres se retiraron de las aulas y los espacios libres se convirtieron en dormitorios. Hay camas donde descansan los albergados; cocinetas donde preparan los alimentos; y cartones donde guardan la poca ropa que tienen.
En el patio hay niños y jóvenes que entre silbidos y gritos juegan mientras cae la tarde. El plantel tiene agua suficiente y baterías sanitarias que ayudan a los huéspedes.
Aquí tienen un lugar donde descansar, asearse, salir a trabajar y volver. Hay colombianos, venezolanos y de otros países. Todos ellos han hecho una sola familia.
Allí llegó el venezolano Juan González, de 38 años, quien se dedicaba a la venta de botellas de agua. Con la emergencia no pudo continuar haciendo su labor y al dejar de percibir ingresos no tuvo para pagar el cuarto que alquilaba en la ciudadela Las Orquídeas, donde vivía con su esposa y cuatro hijas. La mayor está embarazada.
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Leer másDurante 15 días tuvieron que dormir en la calle; pero hace dos meses tocaron las puertas del albergue, donde reciben alimentación, atención médica y psicológica.
“Los primeros días fueron duros, porque los niños estaban inquietos; pero ahora estamos contentos porque en el albergue hemos encontrado un hogar y en los compañeros, una familia”, comenta, mientras prepara un encocado de camarón que ha aprendido a cocinar durante su estadía.
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Leer másEn otra de las aulas desocupadas está la ecuatoriana María del Pilar Hinojosa (51), quien explica que llegó al albergue al no contar con una vivienda propia. “Yo dormía en moteles y me ganaba la vida vendiendo en la calle botellas de agua y caramelos; pero en los meses de marzo y abril nadie quería comprar por temor a contagiarse del virus; tampoco había tiempo para la venta, debido a que el toque de queda empezaba a las 14:00. Me botaron del lugar al no poder pagar la estadía, pero unos jóvenes me rescataron y me trajeron aquí, donde estoy tratando de enrumbar mi vida”, relata, mientras riega las plantas que han florecido en el patio del plantel.
En cambio, Angie Castro llegó al albergue con nueve meses de embarazo y si no hubiera sido por este espacio, su hijo Víctor habría nacido en la calle, donde vivía con Abraham, su pareja. Ahora los tres tienen un techo, pañales y comida.
Las opciones para volver a la escuela
Leer másPero no es la única feliz. También lo son los 11 niños que residen en el lugar. Aunque no reciben clases virtuales, porque ninguno está matriculado en una escuela, sí participan de actividades lúdicas que les brinda Ingrid Ortega, del Movimiento Casita Creativa. Ella les enseña dibujo y pintura, mientras sus padres realizan actividades físicas y recreativas, con el apoyo de la Policía Nacional, que también brinda seguridad al centro educativo.
La Red Latinoamericana de Ecovoluntarios NASSF (Naturaleza Sostenible Sin Fronteras) también los apoya con talleres de emprendimiento para que tengan un oficio.
Me desalojaron cuando no tuve para pagar el alquiler del departamento. Junto a mi esposa e hijos fuimos rescatados de la calle. Soy vendedor de botellas de agua.
Al albergue asisten desde recién nacidos hasta adultos mayores, familias enteras que en su mayoría (el 60 %) son ciudadanos extranjeros, indica Julio César Goya, director del local y presidente de JEA Ecuador, al destacar que en la crisis sanitaria han asistido a más de 2.000 personas, que poco a poco se han ido reinsertando al campo laboral. “Los que aún quedan están bien alimentados, descansados y con ganas de salir adelante una vez que esto termine”, asegura.
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Leer másEl único albergue que existe ya ha sido entregado al Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES); pero hasta que se haga el traspaso definitivo, la fundación JEA necesita colaboración para seguir ayudando a estos ciudadanos.
El segundo albergue que recibía a personas de la calle estaba ubicado en la unidad educativa Bárbara Alfaro (Alcedo y Gallegos Lara) y el tercero, en la escuela Abel Gilbert Pontón (Sauces 7). Estos ya fueron desocupados.