Puente Gonzalo Icaza Cornejo
Pobladores de la parroquia Magro observan con asombro el puente Gonzalo Icaza Cornejo, colapsado y sumergido en las aguas del río Daule.GERARDO MENOSCAL

"Era nuestro Golden Gate": la tragedia del puente Gonzalo Icaza y su huella histórica

Hace 67 años, antes de su construcción, se cruzaba el río Daule en gabarras; luego, se volvió un atractivo turístico

Impactantes imágenes recorrieron las redes sociales la tarde del miércoles 19 de marzo: el puente Gonzalo Icaza Cornejo se desplomaba en el cantón Daule, dejando a su paso una escena de caos y desesperación. Pesados automotores caían al río mientras los gritos de auxilio rompían el silencio.

Familiares de los desaparecidos clamaban por ayuda en la orilla, aferrándose a la esperanza. La tragedia golpeó de lleno a la localidad cuando se confirmó la muerte de cuatro personas. A la fecha, siguen las tareas de búsqueda de un conductor.

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Pero más allá del impacto inmediato, la caída del puente significó también la pérdida de un ícono del progreso en Ecuador.

Para el investigador histórico Fernando Mancero, presidente de la Fundación Bienvenido Guayaquil, el puente Gonzalo Icaza Cornejo no solo fue una pieza clave en la conectividad del país, sino un emblema del cambio de paradigma en la transportación ecuatoriana.

Construido en la década de 1950, en un Ecuador que pasaba del transporte fluvial a la expansión vial, su diseño colgante respondió a la necesidad de mantener libre la navegación por el río Daule, aún vital para el comercio de productos como madera y plátanos.

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“Un puente con pilares habría obstruido el comercio, así que se optó por una estructura colgante, algo vanguardista para la época”, explicó Mancero.

El puente Gonzalo Icaza Cornejo, innovador en Ecuador a mediados del siglo XX

Más allá de su funcionalidad, la infraestructura del puente fue un hito en la ingeniería ecuatoriana de aquel entonces. En un país prepetrolero, donde los recursos eran limitados, construir un puente colgante resultó un desafío ambicioso y costoso.

Era como nuestro Golden Gate”, recordó Mancero, haciendo la comparación con el viaducto estadounidense. Aunque con el tiempo quedó opacado por el puente sobre el río Guayas, su imponencia permaneció en la memoria colectiva de quienes lo vieron surgir.

Uno de ellos fue el investigador Jorge Aycart, quien observó el montaje del viaducto a mediados del siglo pasado, en sus constantes viajes familiares hacia localidades de Los Ríos.

Recordó que antes de la construcción del puente, cruzar el río Daule en ese tramo (hoy parte de la parroquia Magro) implicaba el uso de una gabarra. Era la única forma de trasladarse entre ese cantón y otras localidades cercanas.

“Había que hacer una cola para cruzar en la gabarra, que era manejada por Pablo Alvarado Aguirre, un amigo de la familia”, rememoró Aycart.

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En aquella época, dijo, las primeras carreteras de la zona fueron impulsadas por el gobierno de José María Velasco Ibarra, facilitando la conexión entre poblaciones como El Empalme y Quevedo. Sin embargo, la construcción del puente Gonzalo Icaza Cornejo se inició bajo el mandato de Camilo Ponce Enríquez, entre 1956 y 1958.

La obra fue liderada por el Comité Ejecutivo de Vialidad del Guayas (entidad que luego dio paso al Consejo Provincial) y permitió reemplazar definitivamente la gabarra.

Para Aycart, la implementación del viaducto marcó el inicio de una nueva era para el comercio y la movilidad en la provincia de Guayas. “Este fue y es, creo yo, uno de los puentes más modernos, porque es un puente colgante. No perjudica el río con pilotes, que pueden generar playones y otros problemas”, analizó.

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El puente Gonzalo Icaza Cornejo, punto turístico de Daule

Pero el puente no solo fue un símbolo de progreso, sino también un destino de recreación. Mancero rememoró cómo, en los años 50 y 60, las familias acudían a esta zona de Daule en la temporada de mangos. Además de comprar la fruta, disfrutaban de un parador ubicado en la cabecera sur del viaducto.

“Había fritada, caldo de salchicha, cervezas, hamacas y una vista maravillosa del río”, contó el investigador.

Ese lugar, administrado por un personaje conocido como Don Boli, se convirtió en un punto de encuentro donde los visitantes podían relajarse y contemplar el entorno natural.

Aquello evidenció la importancia estratégica de la zona para la movilidad de la época. Fue una de las obras más emblemáticas del Comité de Vialidad del Guayas, que impulsó una serie de carreteras importantes para la integración territorial.

“Este puente tenía una connotación de admiración y de progreso”, reiteró Mancero.

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El colapso del puente Gonzalo Icaza Cornejo no solo significó la pérdida de una infraestructura histórica, sino también de un sitio cargado de memorias para varias generaciones.

“Cuando vi las imágenes de su caída, no solo lamenté la estructura, sino todo lo que representaba. Es una tragedia, una pérdida para el patrimonio cultural del país”, concluyó el líder de Bienvenido Guayaquil.

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