
Peatones con discapacidad claman por tener prioridad y se borren barreras urbanas
Pese a ordenanza, las personas con movilidad reducida se enfrentan a una infraestructura que los discrimina en Guayaquil.
La silla de ruedas va zigzagueando por la acera, esquivando vendedores, hasta encontrarse con una abertura que hace tambalear a la mujer que va en ella.
Mirna Ballesteros Ortiz tiene 85 años. Esta maestra jubilada llegó desde Esmeraldas al hospital Teodoro Maldonado Carbo, en el sur de Guayaquil, para retirar medicinas.
Al pie del ingreso al área de consulta externa de este centro hay una rampa que no ofrece las condiciones para que la silla descienda a la calzada a tomar un taxi, por lo que la nieta que la acompaña la traslada hasta otro punto que les permita hacerlo.
Esta situación “dificulta al afiliado, al transeúnte, que está enfermo. Las calles tienen cráteres lunares, uno sube y baja”, dice la mujer, quien no tiene parte de la pierna derecha.
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Infraestructura deficiente se vuelve una barrera urbana
En la zona se observa un panorama muy común en la ciudad: las rampas tienen grietas, son muy inclinadas e incluso están junto a zanjas llenas de agua, ante la falta de drenaje.
“Esa rampa es complicada de usar porque es muy empinada y aparte es corta. Ahí de ley uno necesita pedir a alguien que lo ayude a subir. Si yo intentara, podría con mucha dificultad pero hay personas de mayor edad que no tienen la misma fuerza”, comenta Aquiles Valarezo, presidente de la Asociación de hemipléjicos, parapléjicos, tetrapléjicos, físicas diferentes, y niños, niñas y adolescentes con diferentes discapacidades, también conocida como Asoplejica.
Ir desde la sede de esta organización, ubicada a una cuadra del mencionado hospital, hasta el centro comercial Mall del Sur, en 25 de Julio y Ernesto Albán, le tomó 40 minutos.

En el trayecto, que a una persona sin movilidad reducida le tomaría unos 15 minutos realizar a pie, hay barreras urbanas como falta de rampas o mal estado de las existentes, aceras con huecos o con agua lluvia empozada y la falta de espacio para compartir entre transeúntes y comerciantes.
'Hay conductores que hasta nos quieren tirar el carro'
Uno de los vendedores es Ronny Chávez. Desde Cristo del Consuelo, sector cercano del suroeste, se traslada en un triciclo que se impulsa con las manos, conocido como handcycle. En este vehículo lleva ropa y mercadería para ofrecer en las afueras del Teodoro Maldonado.

“Rampas no hay muchas. Para subir a un lugar tengo que dar la vuelta hasta la esquina y buscar la rampa o darme la vuelta hasta el otro lado para poder bajar. Para triciclos o sillas de ruedas es bien difícil”, asegura el hombre de 43 años, quien hace 15 se transporta en este vehículo adaptado, ante la falta de movilidad en las piernas.
Su pedido: “Que le den un poquito de privilegio a las personas con discapacidad para que puedan movilizarse mejor porque no todos tenemos el mismo movimiento, hay varios tipos de discapacidad”.
Normativa aún no se transforma en realidad
Este privilegio que menciona Chávez fue incluido por primera vez en la Ordenanza para el uso de la bicicleta y vehículos de micromovilidad, de 2020.
En el artículo 11 se estableció la pirámide de movilidad sostenible, que consiste en jerarquizar a los actores viales según ese grado de vulnerabilidad que describió Chávez: “peatones, ciclistas y usuarios de micromovilidad son sujetos de atención prioritaria”, dice la normativa.
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Cómo deben ser las rampas para personas con discapacidad
Pero esa prioridad no se refleja en la infraestructura. Valarezo menciona que hay rampas en las que se deja desnivel con la calzada, lo que dificulta subir o bajar con seguridad.

Estas rampas deben estar hechas de material resistente y tener piso antideslizante, con una inclinación máxima de la pendiente de 2 % y 1,50 metros mínimo de ancho para que permita girar la silla de ruedas, según establece la Norma Ecuatoriana de la Construcción (NEC) en su apartado sobre accesibilidad universal, publicada en 2019.
Se debe trabajar en la multimodalidad
Esta accesibilidad universal es la que se debe empezar a trabajar con un plan que priorice por ejemplo a las rampas que dan acceso al sistema de transporte masivo Metrovía, a criterio de la arquitecta y urbanista Isabel Escobar, de la iniciativa peatonal zu Fuss.
“Lo ideal de la movilidad es que sea multimodal: yo camino o voy en silla de ruedas pero en algún momento me subo al bus”, explicó la especialista.
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Por eso insistió en que se debe alcanzar esa conectividad también con cruces a nivel de vía con pasos cebra y semáforos peatonales.
“Mejorar esa conectividad y mejorar el acceso al transporte público también de las personas con discapacidad es importante porque le dan autonomía”, resaltó la especialista.
Aumentan sanciones por bloqueo de rampas
Otro punto a mejorar es la convivencia vial, que se ve afectada cuando los conductores de vehículos motorizados bloquean las rampas.

En este sentido, la Agencia de Tránsito y Movilidad (ATM) mencionó que en los dos primeros meses de este año aumentó el número de citaciones a choferes que cometieron esta infracción, sancionada con multa de un Salario Básico Unificado (SBU), es decir, 470 dólares.
Hubo 84 multas, entre enero y febrero pasados, por bloqueo de rampas tras recibir denuncias ciudadanas, informó la ATM. Además, se registraron 107 infracciones por estacionar en zona exclusiva para personas con discapacidad. Por ésta última infracción, en el mismo periodo de 2024 hubo 37 sancionados.
Una de las herramientas que habilitó la entidad para denunciar es la aplicación Vipa, que registra en video las infracciones como el bloqueo de rampas o estacionar en zonas exclusivas para personas con discapacidad.
Mientras tanto, los peatones con movilidad reducida siguen luchando por llegar a sus destinos con seguridad, comodidad y accesibilidad.
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