Cartas de lectores: La batalla de Portete de Tarqui
En 196 años de historia, el Ejército ecuatoriano ha extendido su mano solidaria con lealtad y profesionalismo
Meses antes de la Batalla de Tarqui, las fuerzas peruanas invadieron territorios de la Gran Colombia, fracasaron las negociaciones diplomáticas con Simón Bolívar y en julio de 1828 se declaró oficialmente la guerra. En noviembre, La Mar ingresó al territorio grancolombiano, ocupó Loja y casi todo el Departamento del Azuay. Luego, ocupó Guayaquil el 19 de enero de 1829 y se firmó la capitulación de la ciudad. El 27 de febrero, Sucre ubicó a sus tropas en una posición ventajosa cerca de la ciudad, en el Portete de Tarqui, y la batalla se decidió rápidamente a favor de las fuerzas grancolombianas. Las bajas peruanas fueron numerosas, con alrededor de mil hombres entre muertos, heridos, prisioneros y desertores. Tras la Batalla de Tarqui, las fuerzas peruanas se retiraron de los territorios ocupados, y La Mar aceptó las condiciones impuestas por Sucre en el tratado de Girón. La batalla, que tuvo lugar en el Portete de Tarqui, cerca de Cuenca, enfrentó a las tropas peruanas de La Mar contra las fuerzas de la Gran Colombia de Sucre y Flores. Es recordada como una victoria cívica en Ecuador, conmemorándose cada 27 de febrero como Día del Civismo, Día del Ejército Ecuatoriano, Día de la Unidad Nacional y Día del Héroe Nacional. Este hecho inspiró la promulgación de la primera Constitución en 1830 y la formación del Ejército. En 196 años de historia, el Ejército ecuatoriano ha extendido su mano solidaria con lealtad y profesionalismo. En tiempos difíciles, es crucial la unidad nacional, el diálogo, el respeto, la libertad, la democracia y la esperanza. Hoy, al conmemorar la Gesta de Tarqui, invito al pueblo ecuatoriano a honrar la memoria de nuestros soldados. La disolución de la Gran Colombia poco después consolidó la independencia de Ecuador. Rindo homenaje al Batallón de Infantería 21 Macará y a la Escuela Politécnica del Ejército, que me dieron el honor de haber sido mis instituciones laborales. Gloria, gloria al Ejército nuestro.
Alfredo Suquilanda Valdivieso