Cartas de lectores: La rana René
Comprendo el malestar y arrebato de la ex Mama Lucha cuando se le atribuye una figura de títere y fantoche como la rana René
El remoquete de ‘Mama Lucha’ que se le venía imputando no la alteraba ni conmovía, pese a estar ligado a un personaje siniestro: la jefa de una banda de maleantes que hizo fechorías y media en Quito. Debió haber reclamado, considerando acaso que le parecía un poco exagerado el símil. Su desempeño en el debate, que remedaba a su amo y señor, estaba cumpliendo su objetivo de dividir a la sociedad, generar odios, complejos, rencores y mentir a raudales; es decir, iba bien: solo tenía que decir “maná, maná, tututiruri”, hasta que se le recordó el apodo que los propios miembros de su banda acertaron en considerar como adecuado por sus características: la rana René. A partir de ese momento perdió los estribos, disipó la compostura que tanto le costó mantener y se dedicó a insultar.
Hay apodos que nos tienen sin cuidado, incluso nos gustan y los aceptamos sin problemas; otros que nos marcan en la vida, y aquellos que nos parecen ofensivos porque recalcan nuestras características menos dignas. Nada podemos hacer para que se olviden de un apodo que delata.
Los apodos en su mayoría responden al físico de las personas (gordo, flaco, chino, pelado, patojo, patucho, negro, etc.); otros son nombres de animales (zorro, burro, tortuga, pulga, gato, perro, borrego); y otros reflejan el carácter del involucrado, su escala de valores o capacidad de análisis (sapo, chiro, lelo). Comprendo el malestar, cólera y arrebato de la ex Mama Lucha cuando se le atribuye una figura de títere y fantoche como la rana René. Debe ser duro y difícil de roer, mamarse un remoquete de una marioneta creada nada menos que en el ’Imperio’ que tanto odian, con el agravante de que su utilización e imagen han creado riqueza en vez de pobreza, que es lo que desea esparcir el comunismo activo que pregonan. Que sus coidearios, a quienes ella está obligada a aupar, le hayan puesto un nombre tan servil, de marioneta, es inaceptable. Y valga la oportunidad para felicitar a la rana René por habernos hecho conocer que ni Guevara, ni Castro, ni Chávez, ni Maduro, ni Correa y menos ella, han dicho jamás “hasta la victoria siempre”. ¡Ahora sabemos que fue una frase dicha por Eloy Alfaro!
Con espíritu cívico pido a Daniel Noboa que, de ser elegido presidente, le ponga a un pabellón de la Penitenciaría del Litoral el nombre de Victoria. Entonces tendrá sentido la frase de todos los corrreístas: “hasta la victoria siempre”.
Ernesto Vernaza Trujillo