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Carlos Andrés Vera: El diablo está en los detalles

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La minería ilegal no es un modelo extractivo: es una operación criminal

En el reciente acuerdo firmado entre la Revolución Ciudadana y Pachakutik, el punto 2 me llamó particularmente la atención. En él se proponen: “Acciones inmediatas y permanentes para enfrentar la minería ilegal, auditoría y moratoria minera. Eliminar la minería a gran escala de cielo abierto en zonas de recarga hídrica y biodiversidad…”. Este enunciado parece consecuente con el discurso indígena… a primera vista. Pero el diablo está en los detalles. ¿Por qué se plantea “enfrentar” la minería ilegal -una actividad criminal- y por otro lado “eliminar” la minería a gran escala, que aunque polémica, es legal?

La minería ilegal no es un modelo extractivo: es una operación criminal. Devasta la naturaleza, financia mafias, corrompe autoridades, no deja ningún rédito al Estado y -sobre todo- destruye comunidades. No me cansaré de repetirlo: se trata del problema más grave que enfrenta el Ecuador. Pero, tal como está redactado el párrafo, se termina equiparando la minería ilegal con la legal. Es tan absurdo como si se dijera: “Demandamos enfrentar al narcotráfico, regular el consumo de drogas y eliminar a la industria farmacéutica”.

En mi opinión, no estamos ante una ingenuidad, sino frente a una táctica discursiva para diluir la gravedad del crimen y desviar la atención de los verdaderos responsables. Porque lo que hoy está destruyendo la cultura y el territorio indígena desde adentro no son las empresas, sino las mafias ilegales. Lo digo con conocimiento de causa: así como he denunciado los abusos de mineras chinas, me resulta imposible equipararlas con la estructura criminal que opera detrás de la minería ilegal. Son dos fenómenos completamente distintos, con desafíos completamente distintos.

Las actividades legales pueden -y deben- ser cuestionadas desde la política y desde la sociedad. Si corresponde, en muchas concesiones deben ser auditadas o derogadas. Sin lugar a dudas. Pero no es lo mismo enfrentarse a una empresa que a una banda armada que amenaza a dirigentes, autoridades y comunidades. Mezclar ambas en un mismo paquete no solo confunde, sino que protege a los ilegales. Y cuando quienes dicen defender a los pueblos terminan socapando al crimen, se convierten en parte del problema.