Carlos Alfonso Martínez: Ecuador en la encrucijada

¿Nos aproximamos peligrosamente al abismo de la decadencia, como ha ocurrido en Haití?
Los ecuatorianos anhelamos estabilidad. No deseamos vivir bajo la sombra del miedo ni afrontar cada jornada con la incertidumbre de lo que nos deparará el día. Resulta alarmante la frecuencia con la que se escuchan relatos de ciudadanos que han sido víctimas de extorsión en sus propios hogares o establecimientos comerciales. Erradicar esta amenaza debe constituir una prioridad ineludible para el próximo gobierno, pues ha sumido al país en una espiral de zozobra e impotencia.
Nos encontramos a escasos días de las elecciones, a las puertas de definir el destino de una nación fragmentada y sumida en la incertidumbre. Transitamos quizás uno de los periodos más sombríos de nuestra historia reciente, con dos aspirantes a la presidencia que encarnan visiones diametralmente opuestas del Ecuador.
Recientemente, en una conversación con un distinguido empresario guayaquileño, escuché una afirmación que me llevó a una profunda reflexión: “Los ecuatorianos somos cortoplacistas y no planificamos”. Una sentencia categórica y cruda, pero que, en muchos sentidos, retrata con precisión nuestra idiosincrasia. Nos hemos acostumbrado a vivir el presente, sin esbozar un horizonte a largo plazo, sin trazar las sendas que nos conduzcan a un porvenir más sólido y prometedor.
Es oportuno cuestionarnos: si en lugar de elegir a un mandatario por cuatro años lo hiciéramos por ocho, ¿a quién confiaríamos nuestro destino? ¿Cómo imaginamos al Ecuador dentro de ese lapso? ¿Nos encaminamos hacia la recuperación y la seguridad, como ha sucedido en El Salvador, o nos aproximamos peligrosamente al abismo de la decadencia, como ha ocurrido en Haití? Estas interrogantes deberían ocupar un lugar central en el debate nacional, pues en sus respuestas yace la clave de nuestro futuro.
Es imperativo que, como ciudadanos y como sociedad, emprendamos una reflexión profunda sobre el presente que vivimos y el país que aspiramos a construir. Confiemos en que el próximo gobernante tenga la capacidad y la visión necesarias para devolvernos la estabilidad que tanto anhelamos y que el Ecuador tanto merece.