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César Febres-Cordero: Esta no es una defensa de Aquiles

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No podría darle un mejor regalo a los corruptos y a los narcos

El día martes la Fiscalía anunció el caso Triple A. La aparente trama detrás de esta investigación se ha desarrollado en el transcurso de un par de semanas, con un ritmo extraño. Primero escuchamos al presidente Noboa hablar del tráfico de combustibles, luego vimos al director de la ex-ARCH presentar una denuncia contra el alcalde Álvarez y después debatimos sobre si es procedente que los asambleístas oficialistas investiguen el tema, hasta que finalmente llegamos al estreno de un show bastante anticipado, anunciado a pocos días de las sesiones solemnes por las fiestas julianas, que por primera vez en años se darán por separado. Uno no puede sino sospechar que con su selectiva rapidez y su ‘timing’ dramático, la Fiscalía ha actuado de forma concertada con Carondelet.

Triple A comparte su genealogía con otros casos espectacularizados. Su nombre, una alusión a los tres hermanos Álvarez, lo hace hermano menor de los casos Encuentro y Nene. Su línea gráfica lo enlaza con Purga y Metástasis, que utilizaron los colores de la bandera nacional, mientras que Triple A usa los colores del pabellón guayaquileño. Ante esto último callan muchos de quienes pedían la deportación de una periodista por utilizar otro símbolo patrio en una canción, que es una nimiedad frente a una investigación penal. Otros prefieren defender a la Fiscalía de la manera más burda, señalando que los colores del logo no hacen referencia a Guayaquil, sino a la Revolución Ciudadana, porque el celeste de las letras (que lo llevan en tres franjas como la bandera porteña) es uno de los colores del correísmo. Su otro color es el rojo, que hace presencia en el logo del caso con la misma llama que usa la RC.

Sin importar lo que pensemos del correísmo o de Álvarez, el cúmulo de estos elementos, los tiempos extraños y los símbolos malversados, configura una infamia. La Fiscalía debe ser una institución apartidista y su proceder tan sobrio como cauto. Si deja confundir sus intereses con el de los políticos y se mezcla con ellos en el lodazal mediático, entonces se traiciona a sí misma y se despoja de toda credibilidad. No podría darle un mejor regalo a los corruptos y a los narcos.