César Febres-Cordero Loyola: “Patiño, no te metas…”

En un país más democrático, Correa sería un líder emérito, Patiño solo un dirigente más
Luisa González debería poder sentirse cómoda en su posición como candidata. Ella está respaldada por un movimiento político fuertemente desplegado en todo el país, con docenas de alcaldes y prefectos en sus filas, quienes ya la llaman “presidenta” por el cargo que ostenta dentro de su estructura. Todavía mejor para ella, a diferencia de las dos últimas elecciones en las que la Revolución Ciudadana fue derrotada, esta vez González se enfrenta a un presidente que busca la reelección mientras preside la crisis social, y no a un Lasso que se distanciaba de los errores de Moreno por su origen en el correísmo, al que traicionó, ni a ese Noboa que por llevarse bien con todos no se apegaba a nadie, menos aún a Lasso.
Pero la candidata del correísmo es víctima de su mayor bendición: la figura de Rafael Correa. Él es quien mantiene la cohesión de su movimiento porque es inseparable con su identidad. Suya fue la década que gobernaron. Suyas son las siglas del movimiento. Suyo es el poder de perdonar y ungir hasta a los que lo denunciaron o buscaron su salida, como su alcalde en Esmeraldas o su candidato a la vicepresidencia. Y suya es la capacidad de aparecer entrevistando a Ricardo Patiño, el mismo que inició la campaña con un traspié al decir que liberarían a Glas, para hablar de su desconfianza sobre el futuro del dólar, o de no hacerlo.
En un país más democrático, Correa sería un líder emérito, Patiño solo un dirigente más, con derecho a disentir de la línea partidista, y González la representante de una postura sobre el dólar (o sobre la justicia) concertada con la mayoría de su movimiento. Así, Correa y Patiño podrían hablar sin causarle mayor problema, dejándola concentrarse en sus propuestas, las cuales, dicho sea de paso, hasta ahora resuenan mucho menos que sus denuncias y ataques.
Pero esto es el Ecuador, así que a Luisa bien le valdría repetir lo que algún día Jaime Nebot le advirtió a otro Patiño, en circunstancias tragicómicas y con palabras que casi todos los ecuatorianos podemos recitar de memoria.