Carmen Ojeda Oquendo: ¿Cómo ayudar a niños con ansiedad?

La ansiedad no es un enemigo del cual nos queremos deshacer, sino una emoción con la cual tenemos que aprender a trabajar
En ocasiones notamos que nuestros niños se preocupan excesivamente, evitan situaciones que les atemorizan, preguntan una y otra vez sobre temas como la muerte, enfermedad, peligro, presentan cambios en sus rutinas de sueño o alimentación debido a estas preocupaciones, entre otras conductas asociadas. Es probable que estén demostrando síntomas de ansiedad. ¿Qué podemos hacer ante estos comportamientos? ¿Cómo podemos ayudarlos?
Es natural que ante estas conductas queramos tranquilizarlos, calmarlos, e intentar reducir el grado de angustia que experimentan. A veces buscamos explicarles las cosas de forma lógica o los ayudamos a evitar las situaciones temidas o simplemente les recomendamos que no se “preocupen tanto” porque todo “saldrá bien”. Y como constatamos: nada de esto da resultado.
Quienes hemos visto estos problemas de cerca sabemos que la ansiedad tiene la capacidad de crecer e interferir cada vez más con el normal desenvolvimiento del niño. Por esto es necesario aprender qué hacer de forma eficaz para ayudarlo a ganar dominio sobre la situación.
Lo primero siempre será explicarle que la ansiedad es una emoción normal, que todos la sentimos y que tiene una función importante como es prepararnos ante posibles amenazas. Por esto la ansiedad no es un ‘enemigo’ del cual nos queremos ‘deshacer’, sino una emoción con la cual tenemos que aprender a trabajar y a encauzarla cuando sentimos que nos ‘inunda’ y nos vuelve ineficaces.
Existen tres estrategias que resultan eficaces en el abordaje de la ansiedad en niños. La primera es enseñarle que las preocupaciones son parte de la vida, pero que no pueden ocupar toda la vida. Podemos ayudarlos a establecer un momento indicado para pensar y expresar las preocupaciones, a fin de evitar que estas ocupen la mente durante todo el día. La segunda técnica es pensar en el exceso de ansiedad como si fuera una ‘visita molesta’ a la que podemos decidir recibir o no recibir y no como una parte de mí de la que no me puedo deshacer. La tercera y última técnica es la distracción. Podemos enseñar al niño a ocupar su tiempo en actividades divertidas e interesantes a fin de quitar tiempo a la atención a los pensamientos y preocupaciones ansiosas.