Fernando Insua: Pez diablo
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Hizo lo que algunos millones de seres, autoproclamados como más inteligentes, no hacemos: mirar más allá
Hace unos días vi un cortometraje animado basado en el avistamiento, por parte de la bióloga marina Laia Valor, de un pez diablo negro subiendo hacia la superficie del mar. Algo insólito, pues este pez habita en las profundidades abismales, allí donde la luz del sol no llega, y estos seres tienen que generar por lo general su propia luz, a miles de metros de profundidad y bajo presiones varias veces superiores a la de nuestra atmósfera.
Lo increíble de este cortometraje es que supo captar la esencia de aquel video y fotografía que conmovieron al mundo. Un pequeño ser, extraño para nuestros estándares, deja su mundo y todo lo que conoce para subir a ver por primera vez otro ‘universo’: observar el sol y sentir eso llamado aire, algo inimaginable para su especie. La bióloga indicó que tal vez debido a una enfermedad que afectó su flotabilidad o a una corriente ascendente, este pez terminó en un entorno ajeno. Vio lo que sus congéneres jamás ven, y eso le otorgó un carácter poético a las últimas horas de vida de este solitario pez, subiendo hacia la luz en medio del océano.
Entre los comentarios acerca de ese corto, de personas conmovidas, reflexionando sobre el futuro de la humanidad y sus propias vidas, no faltaron nuestros compatriotas (algo que se vuelve usual en todas las páginas científicas) comentando desde nuestra coyuntura política, haciendo comparaciones con Correa y Noboa.
Ya no se puede hablar de un descubrimiento científico o de algún proyecto sin que aparezcamos con el mismo debate que nos tiene enredados por años, que nos divide y que, en algunos casos, no nos deja crear ni ver más allá. Está bien que se defiendan posturas y se tomen en serio las votaciones, pero otra cosa es cerrar la política, la cultura, la ciencia, la tecnología y otras formas de entender el mundo por estar atrapados en dos bandos.
Por eso, aunque haya sido para morir, este pequeño ser se atrevió a ver otro mundo. Vio el sol, sintió el aire, vio un universo ajeno a él. Hizo lo que algunos millones de seres, autoproclamados como más inteligentes, no hacemos: mirar más allá.