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Medardo Mora: Libertad de expresión y democracia

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Nada ayuda más a una convivencia democrática que una información oportuna y veraz

Se justifican los múltiples comentarios hechos en defensa de la libertad de expresión, ante el anuncio de una ley de comunicación controladora y sancionadora de los medios de comunicación, como la vigente en el gobierno del Ec. Correa.

La libertad de expresión es fundamental en una democracia, garantiza emitir opiniones sin ser perseguido o criminalizado por lo que se dice verbalmente o por escrito. Si alguien se siente agraviado puede pedir una rectificación o acudir a la vía judicial para reclamar por el supuesto delito.

Un gobierno que reprime la libertad de expresión atemoriza a sus gobernados y los coloca en la triste situación de despojarlos de su derecho a pensar.

Por esta garantía expresamos lo que pensamos, compartimos información en la búsqueda de un mundo mejor. Es un derecho histórico que nace en la inimitable democracia griega, cuando los ciudadanos acudían al ágora de Atenas a expresar opiniones y debatir sobre la realidad existente, sus inquietudes y los problemas que les preocupaban. Está reconocida en los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobados por la ONU en 1948, y previamente la Asamblea Legislativa francesa de 1791 la garantizó e Inglaterra en años anteriores estructuró una legislación para protegerla sin restricciones, salvo no afectar el honor de otros. Al independizarse Estados Unidos en 1776 la incluyó en su Constitución.

La libertad de expresión es realmente libre cuando hay la posibilidad ilimitada de expresar pensamientos, ideas y opiniones sin censura, intimidación ni repercusiones legales.

Hay un axioma: “un país se puede escandalizar por lo que la prensa dice, pero se puede destruir por lo que la prensa calla”. Nada ayuda más a una convivencia democrática que una información oportuna y veraz; obviamente un comunicador social debe poseer una sólida base ética.

Mal debut como asambleísta del ‘periodista’ Xavier Lasso, al anunciar una ley de comunicación controladora de la libertad de expresión, actitud que solo es comprensible si lo hace por agradar a su jefe Rafael Correa, o porque no cree en la democracia.