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Rafael Oyarte: Vivir, tras la pluma de Diego Oquendo

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Un libro fenomenal para recordar momentos cruciales para el país

Si bien me gusta leer autobiografías de políticos y similares, siempre cabe la duda de la autocomplacencia, para justificarse ante la historia. Claro que hay que tener habilidad para ello, porque hay unos intentos harto malos y hasta fatales. Confieso que esa preferencia se debe a que me gusta mucho leer historia, mas no literatura (debe ser por la forma como obligaban a leerla en la escuela y el colegio), y los libros autobiográficos de periodistas están entre mis favoritos, como el que en su momento publicó Alfonso Espinosa de los Monteros

Es que ver la vida, con confesiones incluidas, de gente con la que uno creció, va más allá de la curiosidad y el cotilleo. Si usted quiere acrecentar su cultura general, los de Jorge Ortiz son más que estupendos, y si desea un relato sistemático de nuestra historia, el de Presidentes del Ecuador, de Simón Espinosa, es de mis favoritos.

Por eso me ha encantado el último libro de Diego Oquendo, El Lugar de donde vengo, el que confirma ese viejo adagio de que ‘nadie sabe lo de nadie’. Como muchos de mi generación, crecí viéndolo en su papel de periodista, con sus agudos comentarios sobre los diversos acontecimientos de cada momento, y como entrevistador meticuloso que preparaba diligentemente su cuestionario (con la experiencia de quien, por exceso de confianza, confiesa alguna metedura de pata), con la habilidad de quien, sin dejar nada a la improvisación, hacía fluir la conversación, llegando a sacar lo necesario del interrogado. Ahora, que un entrevistado le haya retado a duelo por lo incómodo de los cuestionamientos (como era antaño, porque ahora se lo haría en un juzgado, tasando el honor por dinero, y no arriesgando la vida propia) demuestra algo más que los gajes del oficio.

Un libro fenomenal para recordar momentos cruciales para el país, muy recomendable para quien quiera aventurarse en las pantanosas áreas del periodismo, leyendo a quien lo ejerció en televisión, radio y periódicos, pero también para quienes, como yo, disfrutamos de la historia y del modo como la cuentan los periodistas señeros. Que el lector pueda ver lo que no vivió a través de los ojos del escritor es el mayor éxito de un autor, y don Diego lo logra sobradamente. Gracias, don Diego, y que este sea un estímulo para que otros colegas suyos sigan ese camino.