Premium

Roberto Aguilar: Ni libres ni iguales

Avatar del Roberto Aguilar

El expresidente prófugo confiesa su admiración por el sistema chino. No es una novedad

Al expresidente prófugo, que es el que piensa por todos, le gusta China. Admira su sistema económico, “un capitalismo administrado -así lo llama- como el que aplicó Corea del Sur”. Lo tuiteó hace ocho días: “Esa es la clave -dijo-: que la sociedad gobierne al mercado, no que el mercado gobierne a la sociedad”. Lo de siempre: el expresidente prófugo pone en marcha todos los mecanismos de su imaginación y termina pariendo una trivialidad, una que quizá suene muy bonito (como aquella otra de poner-al-hombre-por-encima-del-capital-y-no-al-capital-por-encima-del-hombre) pero que no pasa de ser lo que es: un tópico. O sea: paja.

Capitalismo administrado: eufemismo para no decir capitalismo de Estado, o capitalismo autoritario, o incluso capitalismo leninista, como ensayan algunos estudiosos de la ciencia política (el profesor Andrew Nathan, entre ellos), términos que describen con mayor precisión el sistema que aplica China y “aplicó Corea del Sur” durante los 26 tormentosos años en los que fue gobernada por dictadores golpistas, juntas militares y tiranos angurrientos. Porque lo que le gusta al expresidente prófugo, lo que admira y le entusiasma, no es el tal capitalismo administrado, que a fin de cuentas es lo que practican los países nórdicos o incluso Japón, donde el Estado regula la economía sin suprimir las libertades. No. Lo que le gusta (y por tanto es obligatorio para el ‘muppet’ que tiene como candidata, para el comité central que siempre le da la razón y para centenares de cuadros políticos que no piensan) es el partido único. Eso: la posibilidad de “permanecer en el poder y hacerse rico al mismo tiempo”, como escribió el legendario corresponsal del Financial Times en Pekín, Richard McGregor, a propósito del sistema chino en su libro ‘El Partido’. Lo que le gusta al expresidente prófugo es satisfacer su propia e insaciable angurria. ¿No lo conocemos de diez años de eso mismo?

Es el tema más importante de esta elección: lo que nos espera si llegara a ganar el angurriento. Y ocurre que al angurriento le gusta China. Le parece ejemplar. Significa que no cree en el principio de igualdad ante la ley: un régimen de partido único (como ya fue virtualmente el suyo) es el gobierno de una casta de privilegiados que ejerce el monopolio absoluto del poder y la justicia, que se reparte la propiedad, los puestos clave en las empresas y hasta el flujo de capital a través de un sistema bancario que también controla; hay que leer a McGregor. El angurriento piensa que China es un ejemplo. Significa que no cree en la libertad, porque un régimen de esa naturaleza sólo puede mantenerse y eternizarse en el poder silenciando a los disidentes, suprimiendo la libre asociación, persiguiendo y reprimiendo. Ya ocurrió.

No es una novedad: hace rato que la libertad y la igualdad ante la ley dejaron de ser valores para la izquierda revolucionaria. Desde Lenin hasta la fecha no ha habido una revolución en el mundo, ni una sola, que no haya atropellado el gran principio de la revolución francesa recogido en su declaración de derechos del hombre y del ciudadano: “Libres e iguales”. El expresidente prófugo no cree en esas cosas, lo sabemos a ciencia cierta. Él y los suyos utilizan los mecanismos y las instituciones de la democracia (las elecciones, por ejemplo) para demolerlas desde dentro. No hay dónde perderse: el titiritero y su rana son lo más nefasto que puede pasarle a la República. Capitalismo controlado, vaya babosada.