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Rosa Torres: Un debate de mentiras y cinismo

Avatar del Rosa Torres Gorostiza

Los candidatos presidenciales se burlaron de los ecuatorianos

No, no fue un debate de propuestas y visiones políticas entre dos candidatos presidenciales finalistas lo que vimos el domingo por televisión. Fue un show de baja ralea, con una moderadora complaciente y permisiva, en el que compitieron por quién era el más hiriente, el más cínico, el más visceral, el más falso, el que más amigos corruptos y mafiosos tenía, y el que más sonrisas burlescas era capaz de mostrar.

Ambos aspirantes, Luisa González (correísmo) y Daniel Noboa (ADN), dejaron claro que no les importaba hablar de sus planes de gobierno, aquellos que presentaron en el Consejo Nacional Electoral en el momento de la inscripción de sus candidaturas. El pueblo esperaba saber cómo pretenden sacar al país de las más graves crisis social, política, económica y de inseguridad jamás antes vistas, pero ellos decidieron mostrar libretos mal aprendidos, con frases copiadas que escribieron sus asesores políticos, quienes seguramente les aconsejaron no perder los estribos, pero ni eso lograron.

Hasta las preguntas cerradas de los ejes temáticos, que ambos contestaron a su antojo e intereses políticos y grupales, mas no con la verdad, los dejaron mal parados ante una audiencia que terminó cansada de tanta demagogia. La repetición de cifras y expresiones vacuas aumentó el disgusto de los indecisos, lo que creo que se traducirá en votos nulos.

Ante la pregunta de quién ganó y quién perdió el debate, la respuesta que se obtiene depende de la simpatía o antipatía de quien responde a la inquietud.

Para los correístas, ganó Luisa González porque fue más incisiva y atrevida en sus preguntas y respuestas, aunque estas no hayan sido inteligentes ni coherentes, sino una fanesca difícil de digerir. Para los noboístas, el triunfador fue Daniel Noboa porque logró mantener la compostura, aunque la forma pausada de hablar no le favoreciera; tampoco las respuestas sobre que no cobrará la deuda de su padre y de no refutar las sospechas de actos de corrupción en que se involucra a miembros de su familia y sus empresas.

Si hubo un perdedor, de seguro es el pueblo, que gastó dinero en un debate que no sirvió para mucho. Y para colmo, hasta debe pagarles la campaña electoral.

Le esperan días más difíciles al Ecuador. Ninguno de los dos merece la presidencial de la República.