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Rubén Montoya: Ahora sí, El Imperio

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Los tiranos no son de derecha o de izquierda: son tiranos. No tienen ideología, y los une a fuego su vocación de canallas...

¿Tiene idea el mundo de que ha cambiado para siempre y para mal tras el retorno de Donald Trump a la presidencia de EE. UU.? Me temo que sigue sin medir bien los efectos devastadores que a la democracia traerá el paso del huracán Donald.

Aquí los hechos:

Aliarse con Rusia (o sea con Vladimir Putin, el zar con más tiempo al mando de su país) para aniquilar a Ucrania; intentar la compra hostil de Groenlandia a una Dinamarca que aún se lo toma a broma; querer anexionarse Canadá y declararla su estado 51 (los canadienses sí lo temen y con razón); alentar un verdadero genocidio con los palestinos, expulsándolos de su hogar en Gaza; amenazar con invadir a Panamá para adueñarse del canal que le abarataría costos en su colosal guerra de comercio... ¿Necesitan más pistas? Porque hay, pero falta espacio. No sé si lo logre, aunque creo que lo intentará en serio.

Y si piensan que le faltará tiempo porque es su segundo mandato, les tengo una noticia: buscará ser candidato en el 2028, diga lo que diga su Constitución, la de los Padres Fundadores. Los tiranos no son de derecha o izquierda: son tiranos. Se pueden apellidar Putin, Ortega, Trump o Maduro. Ya los verán unidos en causas inverosímiles. No tienen ideología y los une a fuego su vocación de canallas.

El mundo que conocíamos post Segunda Guerra Mundial, el que respetaba la ley y se esforzaba -con tropiezos- en la defensa de derechos, no existe más. Bienvenidos a la Era Oscura, gobernada por dementes con inmenso poder, o por vasallos suyos. Con una Europa acomodada en su poltrona obsoleta de exmonarca, a la que le hace falta un Churchill que la redima. Y con una China súper feliz, relamiéndose mientras mira el circo desde no tan lejos.

Los sueños imperialistas que parecían cosa de siglos pasados han vuelto con fuerza. No habrá ley que los detenga porque ellos serán la ley. Y lo peor es que nos lo gritan en la cara, sin esconderse: “quien salva a su país no viola ninguna ley”, dijo hace poco Trump para justificar sus intenciones”. La ley soy yo”: así piensa ese caballo entronizado. Desbocado. Y lo demostrará.

Si pasa, entonces sí podríamos llamarlos El Imperio.