Rubén Montoya Vega: Gane quien gane, pero...

Y aunque gane quien gane las estructuras injustas permanecerán, hay matices que distancian a los candidatos
Es verdad que, sea quien sea el ganador de las próximas elecciones presidenciales, hay fallas estructurales en nuestra democracia que no serán arregladas. Y si atendemos a los antecedentes, es posible que alguno de los finalistas no las quiera solucionar nunca.
Si a esto sumamos que no nos han dicho CÓMO podremos revertir nuestra miseria en salud (los 24 mil pacientes renales que se quedaron sin medicina esta semana, por falta de pagos, son una pequeña muestra)… O nuestro desamparo en educación (perdimos a 70 mil niños en edad escolar en los dos últimos años)… O nuestra tragedia no reconocida en desempleo, porque ya es parte del paisaje que tres de cada cuatro trabajadores sean ‘vendechicles’.
Y si no lo dicen, es porque no saben.
Pero el gran problema no está allí. Nuestra clase dirigente, en todas las vertientes (políticas, intelectuales, empresariales, gremiales) ha demostrado desinterés en el bien común. No tenemos cámaras empresariales que propongan, ni cuerpos académicos que iluminen, ni colegios profesionales que arriesguen. Tenemos, en todo lado, dirigentitos. ¿Hace cuánto, y es solo un ejemplo, que las universidades no son un faro de referencia? ¿Quizás porque dejaron de tener alumnos y pasaron a tener clientes?
No todo está mal, sin embargo. Pese a la mediocridad de las élites y de los políticos que nos han malgobernado, en algunos ecuatorianos sobrevive una terca convicción. No sé si llamarla decencia. O esperanza. En cualquier caso, la admiro. ¿La tiene usted? Sólo sé que es rebelde y ahí está: frágil y a la vez indomable. Tienen razón: gane quien gane, la solución no bajará de Carondelet, porque ella no está en las alturas: las fraguas que cuentan se siembran en tierra.
Pero si bien gane quien gane las estructuras injustas permanecerán, hay matices que distancian a los candidatos: por ejemplo, el que mide su carácter democrático, algo vital para levantar un país, incluso desde sus escombros. Para identificarlo hay que responderse una pregunta: ¿cuál de los dos, ya siendo presidente de la República, pinta para liderar un régimen intolerante y totalitario? O lo que es lo mismo: ¿a cuál de ellos sería más fácil reemplazar si falla?