Editorial: Una acusación que no puede pasar inadvertida
Lo más grave de todo es que ante las acusaciones hechas en televisión nacional no suceda nada
Si la participación de los dos finalistas en el debate presidencial dejó algo para la sociedad, es el haber hecho descender a la categoría de pelea de esquina al ejercicio de la política nacional. Insinuar que el presidente de la República está casi al mismo nivel que cualquier capo del narcocrimen organizado es temerario si no se tienen las pruebas; y si se las tiene, es irresponsable no presentarlas. Resulta lógico entonces pensar que quien hace tal acusación no tiene pruebas, pues en tiempos electorales no desaprovecharía la oportunidad de presentarlas. Si es así, estamos presenciando la degradación total del quehacer de la política, con acusaciones de alto calibre sin ningún sustento. Sin embargo, lo más grave de todo es que ante tales acusaciones hechas en televisión nacional no suceda nada.
Que nadie exija a la acusadora presentar las evidencias de sus acusaciones, que el acusado no reaccione con la contundencia que amerita un señalamiento de tal magnitud, que Fiscalía no tenga nada que decir y que la clase política deje pasar como si nada tan grave acusación es indigno e inaudito. Estamos ante la normalización de lo inaceptable, de lo ilícito, de la decadencia moral. Sea una acusación falsa o con fundamentos, debe conocerse la verdad. Los votantes merecen más respeto de quienes pretenden gobernar el país.