Editorial: El miedo no puede paralizar a autoridades

Los ecuatorianos necesitan líderes dispuestos a enfrentar los desafíos con valentía

Ecuador empieza a percibir una paradoja alarmante: quienes tienen el deber de proteger el orden público son los primeros en renunciar ante el miedo. El haber escuchado a una autoridad de control emitir públicamente su renuncia a cumplir parte de sus funciones para evitar poner en riesgo su vida es el reconocimiento tácito de la rendición ante la criminalidad. Si bien tal comportamiento es comprensible ante la violencia que afrontamos, justamente por esa crisis de inseguridad el país no puede tener autoridades que se paralicen por temor. Quien se siente amenazado debe renunciar.

Si el sistema financiero se encuentra afectado por empresas fantasmas, y si los hospitales del IESS están tomados por mafias enquistadas, pero no pueden ser depurados porque sus reguladores se sienten intimidados, no habrá forma de lograr cambios.

Dos condiciones deben cumplirse: el Gobierno, llamado a hacer funcionar el sistema, debería actuar brindando el debido resguardo que este tipo de autoridades requieren. Sin embargo, es fundamental también que quienes acepten un cargo público clave no solo tengan capacidad intelectual, sino el compromiso cívico de hacer que el país funcione. Los ecuatorianos necesitan líderes dispuestos a enfrentar los desafíos con valentía, comprometidos con la implementación de las transformaciones profundas que la sociedad demanda.