La Diablada es un tradición que vive en el alma de Píllaro
La Diablada Pillareña es Patrimonio Cultural Intangible del Ecuador. Celebra la resistencia y el colorido de su herencia
Cada año, los primeros días de enero convierten a Píllaro, Tungurahua, en un escenario de máscaras, bailes y música. Es la Diablada Pillareña, una fiesta que no solo atrae a miles de turistas, sino que revive una historia de resistencia cultural y espiritual.
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Desde 2009, esta celebración es Patrimonio Cultural Intangible del Ecuador, pero su legado se remonta al siglo XVIII, cuando los indígenas y mestizos de la región expresaron su rechazo a los impuestos eclesiásticos mediante danzas satíricas.
“Llevamos esta tradición en la sangre. Desde pequeños, aprendemos a valorar lo que significa ser parte de la Diablada,“ afirma Néstor Bonilla, un orgulloso pillareño que, junto con su familia, prepara los trajes y máscaras meses antes de que inicie la festividad.
Este 2025, 15 partidas o grupos de baile recorren las calles de Píllaro. Entre ellas destacan Tunguipamba, Guanguibana, San Andrés, Marcos Espinel y la Escuela Municipal de Danza.
Cada una aporta su estilo único, pero todas comparten un elemento esencial: los diablos, figuras emblemáticas con máscaras coloridas que mezclan elementos humanos y animales.
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Leer másEl líder de cada partida, conocido como el cabecilla, tiene la tarea de organizar y animar a los bailarines. Junto a ellos, las guarichas, con sus escobas, barren simbólicamente los pies de los espectadores para desearles prosperidad en el nuevo año. Los bailarines de línea, vestidos con trajes elegantes que evocan a la aristocracia colonial, completan el espectáculo.
Para quienes desean profundizar en la historia de la Diablada, el museo ‘Entre Máscaras y Memorias’ ofrece una ventana al pasado. Noé Ramírez, coordinador del museo, detalla que la exposición incluye más de 50 piezas, entre trajes, fotografías y máscaras elaboradas por 25 artesanos locales. “Aquí no solo mostramos arte, sino el alma de nuestra tradición”, comenta.
La muestra estará abierta hasta el 17 de enero, permitiendo a los visitantes conocer los orígenes y evolución de esta celebración.
El turismo que atrae la Diablada Pillareña
El impacto de la Diablada trasciende lo cultural. Leonardo Tenelema, técnico de la Unidad de Gestión de Riesgos de Píllaro, explica que se espera la llegada de entre 90,000 y 100,000 personas durante los seis días de fiesta.
Para ello, se ha implementado un plan de contingencia que incluye seguridad, control de tráfico y atención médica. “El circuito tiene un kilómetro de recorrido y abarca 13 cuadras del centro de la ciudad. Estamos listos para garantizar que todos disfruten de esta experiencia única”, asegura Tenelema.
La Diablada Pillareña no es solo un espectáculo. Es un recordatorio de las luchas y creencias de un pueblo que, a través del arte y la música, mantiene viva su identidad. “Cuando bailamos, sentimos que nuestros ancestros están con nosotros”, reflexiona Bonilla.
La lluvia registrada en las últimas horas provocó que las dos principales vías estatales que comunican a la provincia de Azuay con la Costa presenten cierres parciales debido a derrumbes y deslizamientos.
— Diario Expreso (@Expresoec) January 2, 2025
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Un museo recuerda todos los monstruos de ‘legión pillareña’
Leer másEn Píllaro, cada paso de baile y cada nota de la banda de pueblo son un tributo a la resistencia y la alegría de ser parte de una tradición que sigue conquistando corazones, generación tras generación.
Julio Moya, artesano de la parroquia Marcos Espinel, ha confeccionado sinnúmero de máscaras junto a su esposa e hijo, quienes trabajan en equipo para satisfacer a sus clientes con diseños únicos. Cada máscara incluye elementos distintivos como cuernos y dientes de cuy o conejo, reflejando la riqueza cultural de la tradición.
La historia de Julio está marcada por la resiliencia. Tras un accidente de tránsito en 2012 que lo dejó inválido, encontró en la fabricación de máscaras una forma de seguir conectado con la tradición que ha sido parte de su vida desde niño.
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