pesca apulmon en río
Tres jóvenes del cantón Quinindé, herederos de una tradición ancestral practican la pesca a pulmón en el río Chucaple, en el cantón Quinindé.Luis Cheme / Expreso

Pesca a pulmón: tradición de jóvenes en el río Chucaple que honra a sus abuelos

Tres jóvenes se sumergen en el río Chucaple y contienen la respiración  para lograr pescar

El sol se asoma en el horizonte tiñendo de amarillo los verdes paisajes del recinto Chucaple, del cantón Quinindé. Los rayos de luz se filtan entre las hojas de los árboles, creando un juego de sombras sobre el río. El murmullo del agua, que corre entre las piedras, se mezcla con los sonidos del campo. Era un nuevo día, y tres jóvenes se preparan para hacer una tradición heredada de sus padres y abuelos: la pesca a pulmón.

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Los protagonistas de esta historia son Javier Bone, Lucas Maldonado y Miguel Domínguez, tres amigos que desde pequeños han aprendido a amar y respetar el río Chucaple. Con sus grandes máscaras de buceo, que resplandecen bajo la luz del sol se adentran en el agua cristalina, listos para enfrentar el desafío que les espera. 

El río, que serpentea entre montañas, es su hogar y su escuela, un lugar donde cada rincón guarda secretos y donde la vida se manifiesta en cada burbuja que sube a la superficie.

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Mientras se preparan, el ambiente se llena de una energía palpable. La emoción de la pesca se mezcla con la nostalgia por los tiempos en que sus abuelos capturaban camarones a montones, un manjar de agua dulce que se ha vuelto escaso.

pesca
Los chicos tras una larga jornada bajo el agua logran capturar camarones y pecesLuis Cheme / Expreso

“Antes, era fácil encontrar camarones grandes, y no solo eso, también tilapias y sábalos”, recuerda Javier, mientras ajusta su máscara. “Mis abuelos me contaron historias de como llenaban canastas enteras. Ahora, tenemos que buscar con más paciencia”.

Una tradición que la mantienen

Con un último vistazo al cielo despejado, los jóvenes se sumergen en el agua. La temperatura es fresca y revitalizante y el sonido del río se convierte en un eco constante en sus oídos.

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La visión a través de las máscaras es nítida; los colores del fondo se despliegan ante ellos, desde los verdes musgos hasta el marrón de las piedras. La luz se filtra iluminando el mundo submarino, donde la vida se mueve en un ritmo diferente.

El ritual de la pesca a pulmón es un arte que requiere destreza y resistencia. Javier, el más experimentado del grupo lidera el camino. Con movimientos fluidos se desliza bajo el agua, buscando cada escondite: debajo de las piedras, entre los troncos caídos y en los recovecos del lecho del río. Lucas y Miguel lo siguen de cerca, cada uno con su pequeño arpón de hierro, una herramienta sencilla pero efectiva que han aprendido a manejar con precisión.

pesca bajo el agua
Los jóvenes siguen los pasos de sus abuelos, una costumbre que ellos no dejan que se pierda.Luis Cheme / Expreso

Mientras bucean, el silencio del agua les envuelve, interrumpido solo por el sonido de sus respiraciones controladas. La presión del agua es un recordatorio constante de la fuerza de la naturaleza, pero también de su fragilidad. “Debemos cuidar este lugar”, dice Miguel, mientras emerge para tomar aire.

“Si no lo hacemos, perderemos todo lo que nuestros abuelos nos dejaron”. Sus palabras resuenan con un peso significativo, pues saben que la contaminación ha afectado a muchos ríos de la región, y el Chucaple es uno de los pocos que aún se mantiene relativamente puro.

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Con el corazón lleno de gratitud y la promesa de continuar con su tradición, Javier, Lucas y Miguel se alejan del río Chucaple dejando atrás la corriente que, aunque cambiante, siempre será un refugio de vida y esperanza. 

La pesca a pulmón no es solo un método, sino un vínculo profundo con la naturaleza y con sus raíces, un arte que merece ser preservado y celebrado en cada inmersión, en cada respiració#n, en cada historia contada a la luz del atardecer.

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