
Cecilia Rivadeneira: Una fundación que transforma vidas de familias oncológicas
Desde hace 20 años, la ONG brinda esperanza a cientos de familias ecuatorianas afectadas por el cáncer infantil
En medio de los pasillos silenciosos de un hospital, donde los días suelen ser largos y las sonrisas escasas, nació una de las iniciativas más humanas y conmovedoras del país. La Fundación Cecilia Rivadeneira (FCR), con dos décadas de trayectoria, se ha convertido en un verdadero faro de esperanza para cientos de niños, niñas y adolescentes que enfrentan el cáncer en Ecuador.
Su origen se remonta al año 2004, cuando Wilson Merino, tras el diagnóstico de cáncer de su madre, Cecilia Rivadeneira, experimentó una transformación personal que lo llevó a mirar con otros ojos la realidad de los pacientes pediátricos oncológicos. "Durante una visita al hospital, Wilson y sus hermanos vieron a niños y niñas en tratamiento completamente solos, sin estímulos emocionales ni compañía. Esa imagen fue el detonante para que decidiera hacer algo al respecto", relata Ma. Alexandra Miño, coordinadora de Comunicación de la fundación.
Pilares de la organización sin fines de lucro
Desde entonces, la FCR ha enfocado su trabajo en tres pilares fundamentales: la educación, el bienestar emocional y el empoderamiento económico de las familias que enfrentan esta dura batalla. Actualmente, trabajan con alrededor de 600 familias oncológicas al año, beneficiando a más de 2.400 personas de manera indirecta.
La tarea no es fácil. Con un equipo reducido de apenas seis personas en el área administrativa y operativa, el motor principal de esta labor son sus cerca de 100 voluntarios, a quienes la vocera define como “el alma de la fundación”. Gracias a ellos, pueden llevar a cabo actividades lúdicas, talleres, brigadas médicas y proyectos de acompañamiento emocional que devuelven la risa y la dignidad a los más pequeños.
“Uno de nuestros proyectos más ambiciosos actualmente es la Detección Temprana de Cáncer Infantil”, comenta Miño. "Queremos capacitar a más docentes y profesionales de la salud, especialmente en zonas rurales, donde el acceso al diagnóstico precoz es limitado. Sabemos que la detección a tiempo puede marcar una diferencia enorme en el pronóstico de los niños".
El deseo de ser referente local
A pesar de los logros alcanzados, la fundación no se conforme. Sueñan en grande: para 2030, aspiran a convertirse en una organización referente en el cuidado oncológico infantil no solo en Ecuador, sino en toda Latinoamérica. “La meta es clara: seguir innovando y generando impacto real en la vida de nuestras familias”, añade la comunicadora.
Además, la FCR abre sus puertas al voluntariado corporativo, una modalidad que permite a empresas y organizaciones sumarse activamente al cambio social. “Creemos firmemente que trabajar de la mano con el sector privado es una vía poderosa para crear cambios significativos en la vida de quienes ayudamos”, afirma Miño.
La fundación también se proyecta como una red de apoyo emocional para las familias que, además de enfrentar la enfermedad, suelen verse afectadas por problemas económicos, emocionales y sociales. "Aquí no solo tratamos el cáncer, tratamos a la persona ya su entorno. Nuestro enfoque es integral y humano", puntualiza.
Desde los hospitales hasta los corazones, la Fundación Cecilia Rivadeneira ha demostrado que el amor, la empatía y la acción solidaria pueden transformar realidades complejas. Su historia es un testimonio del poder que tiene una causa bien enfocada y del impacto que puede generar cuando una comunidad se une en torno a la esperanza.
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